En la ceremonia de entrega de los premios Oscar del año 1974, una mujer acudió en pijama para dar un premio. Era Katharine Hepburn, la actriz que más estatuillas ganó en toda la historia del cine y que nunca fue a recogerlos como protesta por unos galardones que consideraba poco serios. Los cuatro que consiguió a lo largo de su magnífica carrera fueron donados al Empire State Building. Este hecho resume la vida y el carácter de una de las actrices más importantes de Hollywood. Mujer que fue una niña introvertida, que nunca le gustó el glamour y que protagonizó algunos de los clásicos más importantes de la historia del cine. Katharine Hepburn fue capaz de representar a reinas como Leonor de Aquitania o Isabel II con la misma fuerza con la que emocionó con su papel en La reina de África o en una de sus últimas apariciones, El estanque dorado.
La niña tímida
Katharine Houghton Hepburn nació el 12 de mayo de 1907 en Connecticut, en el seno de una familia bienestante y con ideas liberales que fueron transmitidas a Katharine y sus cinco hermanos. Ella era la segunda y tuvo siempre una especial relación con su hermano mayor, Tom, cuya dramática muerte a los quince años, la marcó para siempre. Su padre, un conocido cirujano llamado Thomas Norval Hepburn, inculcó en sus hijos la importancia del ejercicio físico e hizo de ellos unos buenos atletas. Su madre, Katharine Martha Houghton, fue una mujer moderna para su tiempo que estuvo implicada activamente en los movimientos sufragistas y de derechos de las mujeres.
Los siguientes años Katharine continuó trabajando en el cine y de manera progresiva fue desapareciendo de la gran pantalla y haciendo esporádicas apariciones en la televisión. Aun al final de su carrera deleitó a sus incondicionales con su papel en El estanque dorado junto a Henry Fonda consiguiendo el último Oscar. En 1994 aparecía por última vez en la gran pantalla.
Katharine Hepburn fallecía en su retiro de Old Saybrook, en Connecticut el 29 de junio de 2003.
