Pero con esta novela todo era diferente; venía avalada por la calidad de la obra de P. D. James, un autora nada dada al romance con estilo propio. Aún así, tenía, he de reconoceros, algún recelo. Temía que, al tener las expectativas tan altas, la novela me pudiese defraudar y eso me dolería. Nunca he ocultado mi admiración por P. D. James y no quería verme en la necesidad de tener que reconocer que, a sus 91 años y tras una exitosa trayectoria, esta dama del crimen me había fallado y, además, con una obra homenaje a Jane Austen. Por suerte no ha sido así.
P. D. James tiene tablas, muchas tablas, y sabe muy bien qué ha de decir y qué ha de callar. No encontramos en la novela ninguna descripción detallada del lugar y ni la mínima sobre los personajes. ¿Para qué? No es necesario, casi pertenecen al imaginario colectivo. Cada uno de los lectores, de los millones de lectores de Jane Austen hemos creado nuestra propia imagen de Mr. Darcy, de Elizabeth Benneth y los demás personajes a través de las lecturas y relecturas y con la ayuda de las versiones cinematográficas que de la novela se han hecho. Y Pemberley..., bueno Pemberley es y será siempre así Chatsworth House.
Chatsworth House, Derbyshire
Pero la autora ha pensado en todo y para los lectores no familiarizados con la historia de Darcy, los Bennet, Mr. Collins y Charlotte Lucas, lady Catherine De Bourg y demás, el prólogo resuelve cualquier tipo de duda al respecto con acierto y sentido del humor.En La muerte llega a Pemberley nos encontramos en 1803. Elizabeth y Darcy llevan siete años de feliz matrimonio y tienen dos hijos. Estamos en la víspera del baile de lady Anne; los preparativos para el gran acontecimiento están en marcha en Pemberley House. Cuando ya están a punto de retirarse a sus aposentos a descansar, es una noche fría, con fuerte viento y luna llena, llega un carruaje a la puerta de la mansión. Se trata de Lydia, la hermana pequeña de Elizabeth, que grita desesperada que su marido George Wickham, ha sido asesinado en el bosque que rodea Pemberley. A partir de aquí, y a pesar de la escasa o nula relación entre los Darcy y los Wickham, toda la familia se verá implicada. Nos veremos inmersos en la investigación y el posterior juicio."Una familia de cinco hijas casaderas atrae sin duda la atención y compasión de todos sus vecinos, en particular en donde escasean otras diversiones, y la situación de los Bennet resultaba especialmente desafortunada."
P. D. James
Por las páginas de La muerte llega a Pemberley pasan los Darcy, Elizabeth, Darcy y Georgiana, el coronel Fitzwilliam, el señor Bennet, los Wickham, los Bingley,... pero también se mencionan a personajes de mi novela favorita de Jane Austen, Persuasión: los Elliot, y se recrea el ambiente austeniano con una maestría y un sentido del humor que la propia Jane Austen alabaría."Estamos ya en el siglo diecinueve. No hace falta ser discípulo de Wollstonecraft para opinar que a la mujer no debe negársele la voz en los asuntos que la incumben. Hace ya siglos se aceptó que las mujeres tienen alma. ¿No va siendo hora de que se acepte que también tienen mente?
La muerte llega a Pemberley me ha resultado una novela encantadora, deliciosa y muy respetuosa con la obra de Jane Austen en el fondo y en las formas. Se lee con mucha facilidad, dividido en seis libros y un epílogo, y con capítulos cortos. Entre la acción en sí y las evocaciones y recuerdos de los protagonistas se van pasando las 331 páginas de una lectura ágil, amena y muy entretenida. Lo peor, quizá, es que se hace demasiado corta."Suele aceptarse que los servicios religiosos ofrecen una ocasión legítima para que la congregación valore no solo la apariencia, el porte, la elegancia y la posible riqueza de los recién llegados a la parroquia, sino la conducta de cualquier vecino que pase por una situación interesante, ya sea esta un embarazo, ya sea su ruina económica. Un asesinato brutal cometido en la finca propia (...) dará lugar a una importante afluencia al servicio religioso, que en esa ocasión no se perderán ni siquiera personas impedidas, a las que su estado de salud ha privado durante muchos años de oír misa en la iglesia."
Marcapáginas 108