Revista Solidaridad

La Nacionalidad del Amor

Por Iñaki Iñaki Alegria @InyakiAlegria

La Nacionalidad del Amor


https://youtu.be/6PZi-l51EZ8

https://youtu.be/nhd3ERIUVSU

La nacionalidad del Amor

Algo falla en una sociedad cuando tenemos que manifestarnos para decir que matar está mal, o no dar refugio a las personas que huyen del terror.

Mi frontera interior es La mayor frontera.

Vivimos en un mundo lleno de fronteras exteriores: una valla, un mar, una montaña… la frontera de un país, de una región, una raza, un sexo, una religión.
Se miden en cientos las personas que mueren a diario en el intento de saltar una valla para cruzar de un país a otro.
Un mar entero, el Mar Mediterráneo, en mare mortum se ha convertido, en un cementerio de personas inocentes, hombres, mujeres, niñas y niñas, que en busca de una vida mejor, o sencillamente una vida, mueren ahogados, tragados y silenciados por el mar, en el fondo, tragados y silenciados por la humanidad… inhumana.
Estas son las fronteras visibles que podemos dibujar sobre un mapa.
Pero hay otras fronteras, las fronteras invisibles pero presentes que son aún más peligrosas.
Me refiero a los prejuicios, estereotipos, discriminación…
Esta es una frontera, más peligrosa que ninguna, la frontera esencial, la frontera que permite que todas las demás fronteras sigan existiendo: es mi frontera interior.
Quiero derribar mi frontera interior.
Quiero ver con el corazón, no con los ojos.
Quiero ver el mundo sin fronteras. Un mundo con Alegría, Sin Fronteras.
Pensaba que la frontera era exterior, la valla que separan los países, las injusticias del mundo, pero en realidad la primera frontera está en mí, es mi frontera interior.
No puedo derribar las fronteras exteriores si antes no consigo derribar mi propia frontera interior.
La frontera de los estereotipos, de las clases.
Esta es la primera frontera que quiero y debo derribar, la mía.
Rompiendo fronteras.

Da igual el lugar dónde nací, mi sexo, mi religión, mi etnia, mi raza… soy humano, soy persona y “sólo” por ello ya tengo unos derechos, los mismos que tú, que no me puedes quitar ni negar. El lugar de nacimiento, o la clase social no puede ser más importante que el “ser”.
Lo que soy es más importante que lo que tengo o lo que diga mi papel.
La historia nos demuestra las grandes vergüenzas de la humanidad, las guerras, las violaciones, la mutilación, la esclavitud, el racismo, los campos de concentración…
Cuando es pasado parece evidente la crueldad de la humanidad, y todos lo reconocemos sin dudarlos.
Pero hubo un presente, hubo un presente en el que la humanidad no condenaba la esclavitud, un presente en el que el racismo era consentido…
Ahora vivimos un presente en el que el refugiado no tiene refugio, la niña no tiene infancia… y es consentido…
Esperamos que bien pronto pase a ser historia y nos avergoncemos enormemente de estos tiempos en los que no dábamos acogida a los refugiados y la vida de un blanco valía más que la de mil negros.
Todavía seguimos sin aprender que ante todo somos todos personas…

Algo va mal cuando una vida está por encima de otra.
Algo va mal cuando nos tenemos que manifestar para decir que matar está mal.
Algo va mal cuando 62 personas tienen la misma riqueza que 3600 millones de personas.
Algo va mal cuando valoramos el “tener” por encima del “ser”
Algo va mal cuando amamos más el dinero que las personas.
Algo va mal cuando nos amamos más a nosotros mismos que al prójimo.
Algo va mal cuando más de la mitad de la población sobrevive en lugar de vivir
Algo va mal cuando la vida de un blanco vale más que la de mil negros
Algo va mal en este mundo

Vivimos en un mundo en el que:
Los refugiados no son refugiados, viven sin refugio, a la intemperie
Los niños y niñas no son niños y niñas, no tienen infancia, sobreviven en lugar de vivir.
La justicia no es justa
La humanidad no es humana
Y el mundo no es el mundo, el mundo es solo la pequeña región dominada por el hombre blanco, con dinero y buena reputación.
Un mundo que despoja a los refugiados de refugio dejándoles solo el nombre.
Un mundo que olvida a los niños y niñas que luchan por sobrevivir cada día.
Un mundo en el que la humanidad ha olvidado la humanidad.
Sueño con un mundo mejor, otro mundo es posible, debe serlo. Empecemos a crearlo ya mismo.
Creemos en un mundo mejor.
Creemos un mundo mejor.
Un mundo en el que todos tengamos cabida, un mundo en el que lo importante sean las personas por encima de todo, las personas por ser personas, independientemente de sexo, raza, religión, condición… por encima está el ser persona.
Un mundo gobernado por el Amor entre las personas, olvidando el dinero, el egoísmo, la avaricia…
La sed de avaricia y poder de pocos asesina a muchos.
El mundo somos todos. Por un mundo en que todos tengamos cabida. El mundo de las personas, no el mundo del dinero, ni egoísmo ni avaricia

El 90% del dinero se dedica al 10% de la población.
5 millones de muertes en niños menores de 5 años podrían haberse evitado con el conocimiento actual.
Vivimos en el mundo de las cifras, nunca el mundo estuvo tan medido, así nos pensamos que lo controlamos todo, cuando en realidad no controlamos nada y todas las cifras son mentira, todo son estadísticas, aproximadas, que olvidan y hacen invisibles a miles de personas.
“70 millones de personas acumulan lo mismo que 7000 millones.
El 46% de la riqueza está en manos del 1%.
Pero hay esperanza, creemos en la fuerza del Amor

Algo falla en una sociedad cuando tenemos que manifestarnos para decir que matar está mal, o no dar refugio a las personas que huyen del terror.
Mi frontera interior es La mayor frontera
Vivimos en un mundo lleno de fronteras exteriores: una valla, un mar, una montaña… la frontera de un país, de una región, una raza, un sexo, una religión.
Se miden en cientos las personas que mueren a diario en el intento de saltar una valla para cruzar de un país a otro.
Un mar entero, el Mar Mediterráneo, en mare mortum se ha convertido, en un cementerio de personas inocentes, hombres, mujeres, niñas y niñas, que en busca de una vida mejor, o sencillamente una vida, mueren ahogados, tragados y silenciados por el mar, en el fondo, tragados y silenciados por la humanidad… inhumana.
Estas son las fronteras visibles que podemos dibujar sobre un mapa.
Pero hay otras fronteras, las fronteras invisibles pero presentes que son aún más peligrosas.
Me refiero a los prejuicios, estereotipos, discriminación…
Esta es una frontera, más peligrosa que ninguna, la frontera esencial, la frontera que permite que todas las demás fronteras sigan existiendo: es mi frontera interior.
Quiero derribar mi frontera interior.
Quiero ver con el corazón, no con los ojos.
Quiero ver el mundo sin fronteras. Un mundo con Alegría, Sin Fronteras.
Pensaba que la frontera era exterior, la valla que separan los países, las injusticias del mundo, pero en realidad la primera frontera está en mí, es mi frontera interior.
No puedo derribar las fronteras exteriores si antes no consigo derribar mi propia frontera interior.
La frontera de los estereotipos, de las clases.
Esta es la primera frontera que quiero y debo derribar, la mía.
Rompiendo fronteras.

Por un mundo de Igual a Igual
Alegría, viaje a la Luz

Da igual el lugar dónde nací, mi sexo, mi religión, mi etnia, mi raza… soy humano, soy persona y “sólo” por ello ya tengo unos derechos, los mismos que tú, que no me puedes quitar ni negar. El lugar de nacimiento, o la clase social no puede ser más importante que el “ser”.
Lo que soy es más importante que lo que tengo o lo que diga mi papel.
La historia nos demuestra las grandes vergüenzas de la humanidad, las guerras, las violaciones, la mutilación, la esclavitud, el racismo, los campos de concentración…
Cuando es pasado parece evidente la crueldad de la humanidad, y todos lo reconocemos sin dudarlos.
Pero hubo un presente, hubo un presente en el que la humanidad no condenaba la esclavitud, un presente en el que el racismo era consentido…
Ahora vivimos un presente en el que el refugiado no tiene refugio, la niña no tiene infancia… y es consentido…
Esperamos que bien pronto pase a ser historia y nos avergoncemos enormemente de estos tiempos en los que no dábamos acogida a los refugiados y la vida de un blanco valía más que la de mil negros.
Todavía seguimos sin aprender que ante todo somos todos personas…
Algo va mal cuando una vida está por encima de otra.
Algo va mal cuando nos tenemos que manifestar para decir que matar está mal.
Algo va mal cuando 62 personas tienen la misma riqueza que 3600 millones de personas.
Algo va mal cuando valoramos el “tener” por encima del “ser”
Algo va mal cuando amamos más el dinero que las personas.
Algo va mal cuando nos amamos más a nosotros mismos que al prójimo.
Algo va mal cuando más de la mitad de la población sobrevive en lugar de vivir
Algo va mal cuando la vida de un blanco vale más que la de mil negros
Algo va mal en este mundo

Vivimos en un mundo en el que:
Los refugiados no son refugiados, viven sin refugio, a la intemperie
Los niños y niñas no son niños y niñas, no tienen infancia, sobreviven en lugar de vivir.
La justicia no es justa
La humanidad no es humana
Y el mundo no es el mundo, el mundo es solo la pequeña región dominada por el hombre blanco, con dinero y buena reputación.
Un mundo que despoja a los refugiados de refugio dejándoles solo el nombre.
Un mundo que olvida a los niños y niñas que luchan por sobrevivir cada día.
Un mundo en el que la humanidad ha olvidado la humanidad.
Sueño con un mundo mejor, otro mundo es posible, debe serlo. Empecemos a crearlo ya mismo.
Creemos en un mundo mejor.
Creemos un mundo mejor.
Un mundo en el que todos tengamos cabida, un mundo en el que lo importante sean las personas por encima de todo, las personas por ser personas, independientemente de sexo, raza, religión, condición… por encima está el ser persona.
Un mundo gobernado por el Amor entre las personas, olvidando el dinero, el egoísmo, la avaricia…
La sed de avaricia y poder de pocos asesina a muchos.
El mundo somos todos. Por un mundo en que todos tengamos cabida. El mundo de las personas, no el mundo del dinero, ni egoísmo ni avaricia

El 90% del dinero se dedica al 10% de la población.
5 millones de muertes en niños menores de 5 años podrían haberse evitado con el conocimiento actual.
Vivimos en el mundo de las cifras, nunca el mundo estuvo tan medido, así nos pensamos que lo controlamos todo, cuando en realidad no controlamos nada y todas las cifras son mentira, todo son estadísticas, aproximadas, que olvidan y hacen invisibles a miles de personas.
“70 millones de personas acumulan lo mismo que 7000 millones.
El 46% de la riqueza está en manos del 1%.
Pero hay esperanza, creemos en la fuerza del Amor


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