Revista África

La "rara avis" del pensamiento estratégico

Por En Clave De África

(AE)
Robert es un carpintero diría que modélico en sus obras. Para lo que es el nivel de los trabajos profesionales en algunos barrios marginales de las grandes urbes africanas, el trabajo de Robert sobresale por encima de la media. Poco a poco, a base de duro trabajo e imagino que no pocos sacrificios, Robert ha conseguido sacar adelante a su familia, se ha hecho de una cierta clientela (local y extranjera) y tal como está el patio se puede decir que, sin nadar en la abundancia, por lo menos llega a fin de mes y puede asegurar el sustento y la escuela para sus hijos. No es poco en los tiempos que corren.

Sin embargo, hay un aspecto que siempre me frustra cuando hablo con él. Posiblemente sea debido al instinto de supervivencia que hace que uno se fije casi obsesivamente en superar el día de hoy... mientras que el futuro inmediato o remoto casi que pertenece a otra galaxia y por tanto no es una prioridad el considerarlo ya que hay temas mucho más urgentes con los que bregar durante el día de hoy. Vivir el día a día, superar los obstáculos inmediatos y tirar para adelante cueste lo que cueste es la máxima a seguir, el mañana – tan incierto – ya vendrá con su propia pena.

Cuento esto porque, a pesar de su buen hacer como carpintero, Robert no ha podido o sabido desarrollar mucho su negocio. El aspecto de marketing brilla por su ausencia. Mientras tiene en su haber años de trabajo y cientos (¿miles?) de muebles muy bien hechos, si se le pide un testimonio gráfico de sus mejores obras te dice que no tiene cámara fotográfica y que por tanto no es capaz de documentar todo lo bueno que ha hecho. Yo le he comentado que, para captar nuevos clientes y convencerlos de que le hagan nuevos encargos, lo que tiene que hacer es componer un pequeño álbum de fotos que muestre ejemplos concretos de muebles acabados de diferentes estilos y facturas.

Cuando le digo esto, se nota de lejos que esta idea se le hace muy cuesta arriba al pobre, ya que piensa en lo que cuesta una cámara, en lo que le puede costar el revelado de las fotos añadido al precio del álbum y se le viene el mundo abajo por la inversión que todo eso le supone. Posiblemente considera que es demasiado en comparación con los pocos beneficios que hace a final de mes, y así continúa el hombre con su negocio de supervivencia, trabajando (bien) en su día a día pero sin poder crecer mucho simplemente porque su negocio no obtiene una visibilidad mejor entre su potencial clientela.

Recuerdo también a la cocinera que teníamos en El Cairo en mi tiempo de estudiante de árabe. Después de terminar la comida, el encargado de organizar la cocina se reunía brevemente y con la cocinera – una cristiana copta ya entrada en años – y discutía (a veces infructuosamente) sobre lo que tenía que dejar preparado para la cena. A la pobre mujer se le saltaban los plomos cuando el otro le aclaraba el plan de la cena. “¿No acaba usted de comer?” le decía la pobre con una cara de desesperación “¿es que no está satisfecho con la comida? … entonces ¿por qué se pone a pensar la en la cena?” Para la pobre mujer era inconcebible que, satisfechas las necesidades más fundamentales como el alimento y la bebida, uno comenzara ya a pensar en la cena, un evento a 5 o 6 horas vista y que con la perspectiva de una barriguita satisfecha parecía lejana como una estrella a años-luz.

En cosas así, uno se da cuenta de que somos mundos aparte. Es difícil cambiar una mentalidad centrada en el hoy hacia una perspectiva más estratégica. Nunca se piensa en el mañana (aunque sí, se sueña con una vida mejor, pero esto no es lo mismo que planificar para una contingencia ya que se queda en el plano de lo vago y lo onírico). Lo peor es que, cuando “algo pasa”, pilla a casi todos desprevenidos: no hay unos ahorros a los que acudir, ni un plan B, ni siquiera asegurar lo poco que se tiene... el “por-si-acaso” no existe, y eso exaspera a muchos – exaspera incluso a los africanos que han vivido en el extranjero y han tenido que aprender esta perspectiva aunque haya sido a base de darse golpes en su vida personal y profesional – y supone uno de los desafíos más grandes a la hora de comenzar un negocio, de gestionar eficientemente recursos humanos, de establecer pautas de disciplina en centros e instituciones, etc.

¿Es África más pobre simplemente porque no está hecha a pensar estratégicamente y a considerar la contingencia de manera regular? No lo sé, la verdad, me gustaría tener más elementos de juicio. Lo que no queda duda es que en este contexto uno experimenta cada día la lucha entre dos mentalidades diferentes, y, después de varios años de contemplar su evolución, no puedo todavía decir por cuál de las dos perspectivas se inclina la balanza.


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