El Edificio Metrópolis vuelve a abrir sus puertas convertido en Club Metrópolis, una transformación que reactiva uno de los símbolos más reconocibles de Madrid y lo proyecta hacia una nueva etapa vinculada a la gastronomía, la cultura y la hospitalidad contemporánea. A 115 años de su inauguración, el histórico inmueble situado en el cruce de la calle Alcalá y la Gran Vía inicia una segunda vida impulsado por el Grupo Paraguas, liderado por el empresario brasileño Sandro Silva junto a Marta Seco, responsables de algunos de los espacios gastronómicos más influyentes de la ciudad (como Ten con Ten, Ultramarinos Quintín, Numa Pompilio, Amazónico, The Library).
Marta Seco y Sandro Silva, de Grupo Paraguas. Ph Sivarious
Tras más de seis años de trabajo, el edificio reabrió en enero convertido en un complejo de 6.000 metros cuadrados orientado a la alta gastronomía y la hospitalidad internacional. El proyecto se presenta como el nuevo epicentro del lujo gastronómico madrileño y propone una experiencia integral que combina restauración, arte, bienestar y vida social. En sus ocho plantas conviven siete espacios gastronómicos concebidos por Silva, un hotel boutique de 19 habitaciones, áreas dedicadas a cultura y bienestar, y un rooftop que incorporará una propuesta de coctelería cuya apertura está prevista para abril.
El nuevo club privado introduce una fórmula poco habitual en España, ya que combina espacios accesibles al público con áreas reservadas a socios, una decisión vinculada al carácter histórico del edificio y a la voluntad de mantenerlo activo dentro de la vida urbana. La membresía, con inscripción de 2.000 euros y cuota anual de 3.500, da acceso a más de 200 experiencias al año relacionadas con música, arte, gastronomía, viajes, bienestar y enología, pensadas como encuentros que proponen una forma cool de vivir la ciudad.
Las áreas abiertas al público general se distribuyen en distintos niveles con experiencias que acompañan el ritmo urbano a lo largo del día y la noche. En la planta -1 funciona un espacio nocturno que reúne el restaurante Spa de Langostas, junto a una zona de baile con DJ activa desde el atardecer hasta la madrugada. La planta baja concentra dos propuestas gastronómicas complementarias: Tasca Fina, que revisita el espíritu de la taberna española, y Barra de Oricios, dedicada a los productos del litoral español. En los niveles superiores, las plantas 3 y 4 albergan el hotel boutique.
El Club Metrópolis recupera un edificio clave en la historia arquitectónica madrileña. Construido entre 1907 y 1910 por los arquitectos franceses Jules y Raymond Février junto al español Luis Esteve, el Metrópolis marcó un hito al incorporar hormigón armado, tecnología que permitió crear grandes espacios interiores y amplias aperturas estructurales. Su ubicación simbolizaba la unión entre la tradicional calle Alcalá y la nueva Gran Vía, eje moderno dedicado al ocio y al comercio.
Declarado Bien de Interés Patrimonial, el inmueble encarnó desde su origen la modernización del centro urbano. Su diseño responde al eclecticismo característico de finales del siglo XIX y comienzos del XX, visible en la riqueza ornamental de sus fachadas y en los grupos escultóricos que las recorren. La cúpula, de 45 metros de altura y revestida con escamas de pizarra e incrustaciones de pan de oro, constituye su elemento más reconocible. Originalmente coronada por una escultura del Ave Fénix junto a Ganímedes, fue reemplazada en 1977 por la actual Victoria Alada del escultor Federico Coullaut Valera, figura que hoy vuelve a ocupar un lugar central dentro de la experiencia del edificio.
Adaptar este monumento protegido implicó desafíos técnicos complejos, a cargo del estudio local Rubio Arquitectura. La estructura se apoya sobre el trazado previsto para las primeras líneas del metro madrileño, condición que exigió soluciones específicas durante la rehabilitación. El objetivo consistía en actualizar el edificio para nuevos usos, aunque respetando su identidad histórica, un proceso que demandó años de coordinación entre los equipos de restauración, ingeniería y diseño interior.
En manos de Lázaro Rosa-Violán, el interiorismo construye una atmósfera con identidad propia, en la que carácter y coherencia prevalecen sobre el efecto decorativo. La propuesta recupera el espíritu original del edificio a través de un equilibrio entre memoria y contemporaneidad, apoyándose en materiales nobles, una paleta cromática medida y una iluminación cuidadosamente pensada para acompañar la experiencia.
Los espacios se suceden como escenas diferenciadas pero coherentes entre sí. Terciopelos, cortinas que evocan telones teatrales, luz cálida e indirecta y tonos neutros generan ambientes envolventes. Algunas plantas dialogan con la música y las artes escénicas, mientras otras privilegian una elegancia más sutil. El proceso implicó un intenso trabajo artesanal destinado a reproducir puertas, molduras y acabados históricos, junto con intervenciones artísticas contemporáneas desarrolladas por estudios como Wanda Barcelona.
El recorrido interior sorprende con elementos originales que vuelven a cobrar protagonismo, entre ellos el vestíbulo de inspiración palaciega con mármoles policromados, espejos venecianos y luminarias doradas, además de la escalera principal de trazado curvo con baranda de hierro forjado. Las vidrieras policromadas realizadas por la casa francesa Maumejean filtran la luz y aportan una dimensión artística que conecta con el espíritu modernista del edificio.
El resultado final sitúa al Metrópolis en una posición singular dentro del panorama internacional, posicionándolo como una nueva parada obligada en el circuito madrileño, que proyecta a la ciudad al nivel de los grandes clubes privados de París, Londres y Nueva York. Un ejemplo más de cómo la recuperación patrimonial puede convertirse en motor cultural y social cuando arquitectura, interiorismo y experiencia se integran bajo una visión coherente y ambiciosa.
