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La sangre del Diablo

Por Peterpank @castguer
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Puesto porJCP on Sep 1, 2012 in Autores

 

La sangre del Diablo

¿Por qué ha tenido tanta aceptación el petróleo? Primordialmente por las siguientes ventajas que no posee ninguna otra fuente de energía primaria:

 1. Barato
2. De fácil extracción
3. Abundante
4. Alta densidad energética
5. Fácil de transportar
6. Energía constante, no intermitente
7. Desarrollo de centenares de industrias en torno a este hidrocarburo
8. Fácil distribución y almacenamiento
9. Indispensable en la industria automotriz que utiliza pequeños motores de combustión

Observaciones:

 1. El petróleo ya no es un recurso energético barato.
2. El petróleo aún es abundante, pero su extracción cada vez presenta mayores dificultades por la profundidad a la que se encuentra. Mientras menor sea la calidad, su refinamiento es más caro y contamina más.
3. El petróleo al entrar en combustión emite gases de efecto invernadero.

 En el precio del petróleo influyen diversos factores que pueden ser considerados como circunstanciales o como permanentes:

1. El aumento de la demanda de petróleo por parte de los países emergentes BRIC
2. La debilidad del dólar
3. La especulación en los mercados financieros
4. La disminución de los yacimientos petroleros
5. Aumento en los costes de prospección y explotación
6. Fuertes inversiones que arriesgan la rentabilidad del proyecto. Baja tasa de rendimiento energético
7. Consumo creciente de los países productores

Los países productores necesitan cada vez más su propio petróleo ya que son naciones con crecientes necesidades que buscan la autosuficiencia energética. Por esa razón ya no pueden exportar casi todo el petróleo que extraen. Los yacimientos de México, el Mar del Norte o Rusia, por ejemplo, están en franco declive. Ya hay un miembro de la OPEP, Indonesia que dejará de exportar, pues el crudo que posee lo necesita para cubrir su consumo interno.

La cuestión que deberíamos plantearnos no es cuándo se agotará el petróleo sino cuándo dejará de ser rentable, pues mucho antes de un hipotético agotamiento de los yacimientos habrá que abandonarlo como fuente de energía por ser un negocio ruinoso.

No deberíamos confundir el síntoma con la enfermedad. El fin del petróleo y no las hipotecas basura han sido el origen de esta crisis económica. Si se acabara la recesión, los precios del petróleo subirían nuevamente propiciando que la globalización sea económicamente insostenible. Será necesario renacionalizar y relocalizar todo el sistema productivo a medida que se demuestre que el alto precio del petróleo hace inviable seguir globalizando.

La caída de la producción anual de crudo, según los cálculos más optimistas, es de un 2%, con lo que pasará de los 87 millones de barriles diarios del 2011, a únicamente 80 millones de barriles en 2015. Ese año, según un informe de la administración Obama, la demanda mundial de petróleo habrá aumentado hasta los 90 millones de barriles diarios. La diferencia de 10 millones de barriles debería cubrirse en menos de 5 años con unas reservas que aún no se han descubierto. La cantidad de 10 millones de barriles diarios es la casi totalidad de la producción actual de Arabia Saudí. Probablemente se cubra ese déficit de petróleo extrayendo más gas y carbón, acelerando el pico de estos dos combustibles de origen fósil.

Según el economista y analista francés Olivar Rech, especializado en temas de suministro y consumo de petróleo, la caída de la producción mundial de crudo se sitúa en torno a un 5% anual coincidiendo con la opinión de la petrolera Shell. Desde su punto de vista, será imposible compensar la caída de la extracción del oro negro con el aumento de la producción de los petróleos no convencionales y la recuperación frenética de los campos existentes.

Las imprecisas conjeturas efectuadas sobre las reservas mundiales de petróleo se evidencian en los últimos estudios realizados. La  Universidad de Kuwait asegura que las reservas totales de petróleo en el mundo son 2,14 billones de barriles y el petróleo recuperable restante es de sólo 1,16 billones de barriles, mucho menor de lo previsto hasta ahora. Según un informe de la Smith School of Enterprise and the Environment del Reino Unido, calcula las reservas reales de crudo extraíble entre 900.000 millones y 1,1 billones de barriles.

La producción de los campos de crudo que se explotan en estos momentos cae a un ritmo de 6,7% al año. Las producciones de Rusia, China, Irán, México, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela y Noruega empezarán a reducirse en poco tiempo; las de Kuwait e Irak se mantendrán, y sólo 6 países de los 15 principales productores del mundo podrán aumentar de forma significativa la extracción del combustible fósil.

El petróleo es y ha sido la sangre del diablo. Ha permitido a la humanidad expandir y llevar a la práctica toda una serie de innovaciones tecnológicas, ha dado vida y consistencia a las ideas de la ilustración, hizo realidad los sueños de escritores decimonónicos de ciencia ficción como Julio Verne, hizo posible lo imposible. De repente, por el azar, durante los primeros años de la revolución industrial encuentran al petróleo como sustituto ideal del carbón. El pacto con Mefistófeles ya estaba firmado, la humanidad viviría una época de bonanza como nunca antes a cambio de entregar su alma al diablo. La gran fiesta no iba a ser eterna, algún día tendríamos que pagar la desmesura que nos proporcionaba un elemento energético insustituible por sus maravillosas características y aplicaciones. El líquido negro viscoso ha sido y es la fuente principal del progreso humano y también de numerosas guerras. Voluntad e ingenio humano unido en santa alianza con un potente combustible ha dado como resultado una civilización con tal cantidad de adelantos, que nuestros predecesores no se lo creerían si salieran de sus antiguas y mohosas tumbas.

Acogemos el progreso en el campo social y técnico que nos ha proporcionado el petróleo como un derecho que siempre hubiéramos poseído, como si asumiéramos que este crecimiento exponencial nunca cesará, como un período eterno de bienestar y avances sin límites. Nuestras mentes desasosegadas, nuestro espíritu tranquilo y satisfecho ante la prosperidad nos dificulta pensar que sería de nosotros sin la sangre del diablo, la cual alimenta la sala de calderas del barco a su máxima potencia propiciando una velocidad de crucero del progreso humano nunca antes alcanzado.

Desde nuestros camarotes contemplamos el futuro con el ingenuo optimismo que nos da los soberbios logros alcanzados. Volvemos la mirada a popa con orgullo pensando que los tiempos duros no volverán jamás. El horizonte de proa nos ofrece esperanza, no hay tormenta, la mar está en calma. Damos por supuesto que el viaje seguirá su curso sin apenas inconvenientes. La energía fósil solamente es otra variable logística que maneja la tripulación para que el barco siga navegando a toda marcha y llegue a buen puerto.

Hasta hace algunos años, no reparábamos en semejantes fruslerías ya que considerábamos a la sangre del diablo como un combustible que siempre fluiría por el aparato circulatorio de nuestra civilización.

Hasta que no se detengan las máquinas no seremos conscientes de lo importante que era y es el petróleo. Y Mefistófeles, en algún lugar del infierno reclamará la justa recompensa, las almas de los condenados que en algún momento las vendieron a cambio de disfrutar los placeres que brindaba una enorme civilización compleja sustentada por el petróleo barato y abundante.

Juan Carlos

The Oil Crash



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