Una vez me dijisteque la sinceridad estaba sobrevalorada.
Y yo no pude estar
más de acuerdo.
La gente la utiliza como un arma
arrojándote su crueldad a la cara.
La usan como escudo ante su propia
mala educación e ignorancia.
Por eso a nosotros nos gusta
mentirnos cuando somos sinceros.
Por eso no te comí la boca esa tarde,
y mentí a mi instinto primitivo.
Porque hubieran pasado muchas cosas,
pero la sinceridad habría jodido
la rotunda belleza de mentir contigo.
