Foto de Elias AlfagameEscrito por Víctor Vich
Los circos tienen magia: las carpas, los colores, los personajes, la tensión que acontece, todo en ese lugar nos fascina, nos hipnotiza, nos deslumbra con asombro. Diferentes recursos son utilizados para la creación de movimientos nunca vistos, de ritmos audaces, de tensiones diversas. En su plasticidad, en su coordinación, en la extrema precisión para lograr una forma hermosa, el cuerpo humano es siempre el principal protagonista. En el circo, todo instante es fugaz, pero siempre memorable.
Airosa, el último espectáculo de La Tarumba, deslumbra por todo lo dicho y por una presencia musical que, luego de tanto ruido electoral y de tanto chirrido cínico, nos reconcilia con el sonido verdadero.
En este Perú sin magia que se nos viene, frente al verdadero horror hacia el que nos encaminamos, este espectáculo nos recuerda que la barbarie no puede ser final, que la memoria importa y que, como lo señaló Mariátegui, esa opción (circense) por “vivir peligrosamente” es el único camino para seguir buscando una forma hermosa en un país que sea mucho mejor.
