La Torre Eiffel, me atrevo a decir, es como el corazón de París, pese a que fue concebida para la Exposición Universal de 1889, ahí sigue impertérrita más de un siglo después rebozando amor y fantasía para quienes escogen esta ciudad como su rincón de amor, y quienes pueden darse el lujo de una luna de miel por estos lares, claro está.
Es sitio de re-encuentros y precisamente ahí, compartí casi todo una día con una gran amiga de aquellos tiempos de "pre" en Cuba, el bachillerato en otros lugares. ¿Quién nos iba a decir que después de haber estado estudiando toda una semana trancados en el campo en aquel Humboldt 7? ¿Después de tantas fiestas, discusiones como buenos amigos y despedidas, la Torre iba a ser testigo de nuevas y viejas conversaciones después de más de dos años sin vernos?Tal vez Eiffel nunca llegara a imaginar la importancia que su obra de metal, poco cálida, altanera y conquistadora de los cielos, ha tenido para quien escribe estas líneas y para otros muchos que de manera anónima se han deleitado con ella en París.MÁS FOTOS en el álbum París
