Revista Ciencia

La Tovaca equilibrista de Tacuaruzú

Por Marcelo Allende @allendesergio
Dos fotos editadas por primera vez, similares a las que ya publiqué varios años atrás, y que me permiten volver a compartir aquel lindo encuentro con este bicho que, como dice don Tito Narosky en su histórica guía de las aves de Argentina, es mucho más oído que visto.
Los invito, especialmente a aquellos que tengan la curiosidad y las ganas de revolver un poco en los archivos del blog, a comparar estas dos nuevas ediciones con las que publiqué allá por el año 2017. Nueve años pueden no parecer demasiado tiempo, pero en fotografía digital, y sobre todo en las herramientas de edición, es prácticamente una eternidad. La evolución tecnológica hace auténticas maravillas y permite recuperar, mejorar y darle una nueva vida a fotografías que en su momento creíamos que ya estaban bastante bien.
Restauración de colores, recuperación de detalles, eliminación del ruido digital y unas cuantas herramientas más que hoy permiten hacer cosas que hace nueve años eran bastante más complicadas, cuando no directamente imposibles. Y no se trata de transformar la foto ni de inventar lo que no estaba allí, sino de tratar de acercarla un poco más a lo que nuestros ojos vieron aquel día, aprovechando las posibilidades que hoy nos brinda la tecnología.
Así que, además de compartir nuevamente a la protagonista, les propongo ese pequeño juego de comparar. La misma Tovaca, el mismo lugar y, seguramente, alguna que otra arruga y cana de más del fotógrafo, pero con nueve años de diferencia entre una edición y otra.
Estas dos fotos fueron obtenidas en la chacra de don Macena, un lindo lugar del sur misionero que tuvimos la suerte de conocer gracias a Nico Pavese. Un sitio de esos que uno recuerda no solamente por las especies que pudo encontrar, sino también por el entorno, por la gente y por esas jornadas de campo que, con el tiempo, terminan quedando guardadas en un rincón bastante especial de la memoria.
Y allí estaba ella, la Tovaca, moviéndose entre la espesura del sotobosque, haciendo honor a ese particular estilo que tienen muchas de estas especies de hacerse notar bastante más por sus voces que por sus apariciones. Uno escucha, busca, vuelve a escuchar, mira entre las tacuaras, espera unos segundos... y cuando finalmente aparece, muchas veces son apenas unos instantes los que nos regala antes de desaparecer nuevamente entre la vegetación, aunque este día en particular la suerte estuvo de nuestro lado porque la Tovaca eligió justo esa rama para posarse en una pata mientras descansaba la otra.
Por eso cada encuentro con una Tovaca tiene algo de premio. No hace falta que se quede posada durante varios minutos ni que se acomode perfectamente para la foto. A veces alcanza con esos pocos segundos en los que se deja ver para que uno vuelva a casa contento, con un par de registros en la tarjeta y, sobre todo, con la satisfacción de haberle ganado aunque sea por un ratito a ese juego de las escondidas que tan bien conocen las aves de la selva.
Los dejo entonces con estas dos fotos de la Tovaca de la chacra de don Macena. Y si tienen las anteriores del 2017 a mano, pueden hacer la comparación ( Al final de esta entrada hagan click en la etiqueta con el nombre científico de la especie y verán las fotos del archivo del blog en las entradas anteriores).
Yo, por mi parte, sigo sorprendiéndome de lo que nueve años de evolución tecnológica pueden hacer con una fotografía que ya creíamos que tenía todo lo que podía dar, obviamente respetando ciertos límites para no pasarse de rosca.
La Tovaca sigue siendo la misma. El recuerdo, por suerte, tampoco cambió. Nosotros simplemente aprendimos algunas cosas nuevas para volver a mirar aquellas viejas fotos con otros ojos.
La Tovaca equilibrista de Tacuaruzú
La Tovaca equilibrista de Tacuaruzú

Volver a la Portada de Logo Paperblog