Alice Herz-Sommer fue una de las miles de personas que sufrió el holocausto en un campo de concentración nazi. Su talento para la música la salvó de una muerte segura. Las notas que salían de su piano amenizaban los ratos de ocio de los verdugos de Theresienstadt donde ella y los suyos fueron trasladados por sus orígenes judíos. A pesar de haber vivido y sufrido buena parte del odio que arrasó Europa a lo largo del siglo XX, Alice fue una mujer positiva que intentó siempre ver el lado bueno de la vida. Una vida que para ella fue larga, pues vivió hasta los 110 años de edad, convirtiéndose en la superviviente más longeva de los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial.
Una infancia en Praga
Alice Herz-Sommer nacía el 26 de noviembre de 1903 en Praga, entonces territorio del Imperio Austro-Húngaro. Alice pertenecía a una familia de origen judío. Su padre, Friedrich, era comerciante, y su madre, Sofie, era una mujer culta que organizaba a menudo reuniones culturales en su casa donde se reunían escritores, pensadores y artistas de la talla de Kafka o Mahler. Alice, que tenía una hermana gemela y dos hermanos, creció en ese ambiente en el que la cultura y el arte se respiraba como algo natural en su propio hogar. La pequeña Alice empezó a acercarse al mundo de la música de la mano de una de sus hermanas y del pianista Artur Schnabel. Su temprana pasión por el piano la llevaron a cursar estudios oficiales en el Conservatorio Alemán de Música de Praga.
Alice terminaría su vida en Londres, donde emigró en 1986 siguiendo los pasos de su hijo Raphael, al que sobrevivió.
Hasta el final de sus días, Alice no dejó nunca de tocar el piano, pues para ella la música fue una poderosa manera de sobrevivir y llegar a ser feliz a pesar de haber vivido experiencias tan terribles como el holocausto judío.
Alice Herz-Sommer falleció ayer, 23 de febrero, en Londres a los 110 años de edad.
