Revista Sociedad

Las aceras son la jungla.

Publicado el 21 junio 2010 por Francissco

Las aceras son la jungla.Bicicletas asesinas y horrores.

La proliferación incontrolada de bicicletas, yendo a velocidad terminal en medio de masas de peatones, es un claro signo del fin de los tiempos y de la subida al poder de los ciclopendejos (vease bibliografía).

Este poder, relatívamente reciente y bendecido con la etiqueta de “ecológico y no contaminante”, se ejerce mediante la disuasión callada y mecánica de un artefacto montado por una persona, la cual se proyecta en medio de las aceras peatonales causando el efecto de un cuchillo afilado en un bloque de mantequilla.

Da igual que los atemorizados viandantes posean sobrada cultura y una capacidad dialéctica solvente para  la protesta. La misma, quedará colgando en el aire revuelto que surge entre el centauro birueda que se aleja veloz y el fulano acojonado por la irrupción repentina y atemorizante del ciclopendejo.

La irrupción masiva de esta especie podría analizarse de diversas maneras, todas ellas reflejo de la decadencia personal de un servidor, anhelante de aquellas aceras tan solo para personas y de los problemas colisionadores exclusivos de las mismas: que si cuidadín con el gordo; que si rediós que lenta anda la abuela de los c…….; que si niño no andes para atrás que te voy a fostiar; que si tanto perro paseando deja unos regalitos que no veas…

Pero todo ello es sorteable mediante los reflejos cinéticos normalitos. Una base imponible (persona) caminando al lado de otra, es relatívamente capaz de prever los traspiés estúpidos de la misma. Pero un vehículo que pasa follado, por dioss,  este ya pertenece a un nivel superior de la pirámide alimenticia, amig@s mí@s, es un depredador territorial y prepotente.

Hace ya tiempecito, que cierto complejo occidental respecto a Oriente y al extranjero en general (este muy nuestro), nos hacía señalar admiratívamente la proliferación de bicis en China, Holanda, etc. Como es normal pensar que lo que funciona en un sitio se puede trasplantar sin más y sin pensar a otro, pues venga. Olvidamos que en Europa (yo lo ví en Bornemouth, Ingland) los carriles bicis acaparan a las mismas y la poli te pega el broncazo padre si te sales de allí.

Se dice que los ciclopendejos (un saludo cariñoso a todos, que algunos son colegas, je,je) no contaminan, ese argumento parece incontestable. Vale, pero tampoco lo hace caminar a patita y encima te esfuerzas más y evitas la calcificación progresiva de la zona perineal, de sus nervios y capilares, que hacen propenso al ciclista a unos cuantos gatillazos amorosos más que al viandante normalillo.

Muy cierto es que los ríos interminables  -y nada elogiables-   de coches ya nos han marcado la vida para siempre, además de los oídos y la cabeza, con ese estrés acústico marca de la casa.  Por culpa de estas urbes orientadas a turismos y demás, es por lo que las bicis tienen un encaje complicadísimo; son anárquicas y difíciles de percibir visualmente, tanto en calzadas por los conductores como en aceras por los peatones.

Y para nada  -salvo loables excepciones-  ayudan la actitud y comportamientos de los ciclistas urbanos, abanderados de la ecología por imposición, con ese aire de nómadas callejeros y omnipotencia adolescente. Muchos de ellos van oyendo musiquita, sumergidos en un goce autista y forzando las fintas hasta  última hora, importándoles una higa el susto que le meten a la abuelita o al niño que se descontrola de sus papis y se interpone en la trayectoria del solipsista sobre ruedas.

Resulta muy dificil que el auténtico interés general triunfe al regular los espacios públicos. Dicho interés es algo sumamente demodée, ahora lo que se estila es la pugna de voluntades sectoriales, como una suma de vectores. Triunfan los usuarios de algo concreto en un momento particular, nunca los ciudadanos en su mayoría. Los ciclistas consiguen unas “manifas” cojonudas (toditos rodando a la par) y llevan uniformes molones. El munícipe que los prohíba quedará como Herodes.

En fin, un saludo sobre ruedas (se llega antes)


Las aceras son la jungla.

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