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Las campanas. Charles Dickens.

Publicado el 02 diciembre 2017 por Mj Sol

Después de aquel revulsivo que supuso Canción de Navidad (1843), el público esperaba leer un nuevo cuento de Dickens cada diciembre y eso fue lo que sucedió al año siguiente cuando salió a la venta Las campanas. Un cuento de duendes sobre unas campanas que anuncian el final del año y la llegada del nuevo.
Cuenta John Foster, biógrafo del escritor, que un día recibió una carta de Dickens que solo decía: “Hemos oído el toque de la medianoche”. Ese toque, al que se refería, no era otro que el sonido de las campanas de Génova que llegaban hasta la villa donde se alojaba Dickens (estuvo un año viviendo en Italia) y aquello le dio el empujón para escribir el segundo de los libros que se recopilarían en 1852 bajo el título Cuentos de Navidad. No solo hace referencia a las campanas de una iglesia, sino que, como en Canción de Navidad, también intentan llamar la atención sobre la situación desesperada de los más pobres.

Las campanas. Charles Dickens.

Portada de una antigua edición de "Cuentos de Navidad".
Foto gentileza de Ángeles.


La historia comienza un 31 de diciembre, cuando Toby Veck, apodado Trotty, espera en la puerta de la iglesia que alguien solicite sus servicios como recadero municipal. En aquel lugar especialmente frío y ventoso ve pasar las horas, y desde abajo, observa las poderosas campanas que lo contemplan. La furia del aire lucha por arrancarles algún sonido, pero ellas son tan grandes, tan antiguas, que resisten majestuosas la tempestad en las alturas. A veces Trotty cree que las campanas le llaman y, cuando las cosas van mal, le hablan para darle ánimos y asegurarle que pronto todo se arreglará. Él las escucha atento, pero hace oídos sordos a aquellos que aseguran que las campanas están embrujadas.

Aquella tarde Trotty se siente el hombre más afortunado del mundo cuando ve aparecer a su hija Meg con un plato de callos. No está acostumbrado a comer caliente y se dispone a dar buena cuenta del manjar sentado en las escaleras de la puerta del concejal Cute, mientras Meg le cuenta con gran ilusión que su novio, Richard, le ha pedido que se casen el día de Año Nuevo. El muchacho les sorprende en plena conversación y se une a ellos con alegría. Pero, de repente, Cute sale de su casa junto a dos caballeros que se molestan mucho al encontrarlos allí. Los tres poderosos comienzan a hablar sobre el despilfarro que supone que Trotty coma un plato de callos, pues con la sustancia que se pierde en la cocción podrían alimentarse 500 personas y el recadero empieza a sentirse terriblemente culpable sin reparar que son los caballeros los que se están comiendo su comida. El concejal Cute, al darse cuenta de que Meg y Richard planean casarse, intenta quitarles la idea de la cabeza. Le asegura a Meg que será una desgraciada, que su marido morirá pronto y la dejará con un buen número de hijos que no podrá alimentar y que vagabundearan por las calles y, le advierte, que entonces no se tope con él porque está dispuesto a hacer desaparecer a todos los niños vagabundos de la ciudad y a las madres mendigas, añadiendo que, si en su desesperación intentara quitarse la vida, también se las verá con él porque piensa acabar con todos los suicidas. Después de dejar a Meg sumida en la tristeza, dirige sus palabras a Richard para afirmar que sería una locura casarse, pues desperdiciaría su vida junto a una mujer que en unos años estaría avejentada y le habría dado un montón de hijos que le seguirían a todas partes. La pareja se marcha desconsolada y cuando el recadero va a ser lo propio, Cute le ordena que entregue una carta al parlamentario sir Joseph Bowley. Trotty no se atreve ni a pedirle los honorarios que considera justos por su trabajo. A aquellas alturas, se ha convencido de que los pobres no tienen derecho a existir.

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Portada de "Las campanas" 

El viejo recadero acude a la casa del parlamentario y allí lo encuentra pagando ostentosamente sus deudas para comenzar el año nuevo libre de compromisos. Bowley regaña a Trotty por haber dejado a deber al casero y en la tienda de comestibles del barrio, y le da un discurso paternalista autoproclamándose amigo de los pobres y presumiendo de su supuesta caridad. Por la conversación, Toby descubre que en la nota que Cute le envía a sir Joseph Bowley queda muy claro que pretende apresar a un tal Will Fern por vagabundo, por lo que, más tarde, cuando se encuentra por casualidad con el señor Fern que le pide que le indique la dirección de Cute para hablar con él y aclarar cierto malentendido, le advierte de las intenciones del concejal. Apiadado del pobre campesino y de la niña que lleva en brazos, su sobrina Lilian que ha quedado huérfana recientemente, y sabiendo que no tienen un techo bajo el que cobijarse, ni nada que comer, los lleva a su pobre casa y comparte lo poco que tiene con ellos.Por la noche, Trotty escucha sonar las campanas y cree que le están llamando. La cancela que lleva al campanario está inusualmente abierta y el recadero lo interpreta  como una señal para que suba. Ya arriba presencia como un tropel de espíritus sobrevuela la ciudad y los duendes de las campanas salen de sus escondites para presentarse ante él. Aterrado, se ve abajo, tirado en el suelo y comprende que se ha caído de la torre y ha muerto. Pero los duendes le aclaran que han transcurrido nueve años desde entonces, le recriminan la pérdida de su fe en la humanidad y le exhortan a aprender la lección observando la vida de Meg. La joven nunca llegó a casarse y malvive junto a Lilian cosiendo día y noche hasta la extenuación. Lilian maldice su suerte: “¡Cómo puede seguir girando este cruel mundo y soportar ser testigo de semejantes vidas!”. Richard se ha convertido en un alcohólico que pierde los pocos trabajos que consigue y Will Fern vuelve a ser encarcelado en cuanto lo sueltan de prisión. En una de esas ocasiones logra colarse en un banquete en casa de sir Joseph Bowley, en el que también está presente el concejal Cute, y decirles lo que piensa: “Vean cómo sus leyes están pensadas para atraparnos, para cazarnos, cuando nos encontramos en esta posición. ¿Que intento vivir en otra parte? Soy un vagabundo. ¡A la cárcel con él! (…) ¿Que me como una manzana o un nabo podridos? ¡A la cárcel con él! ¿Que al volver de la cárcel, que está a más de treinta kilómetros, pido una triste limosna en la carretera? ¡A la cárcel con él! (…) ¿Quién puede devolverme mi libertad? ¿Quién puede devolverme mi buen nombre? ¿Quién puede devolverme a mi inocente sobrina? Ni siquiera los caballeros y las damas de toda Inglaterra. (…) Proporciónennos, por piedad, mejores hogares cuando aún estamos en la cuna; proporciónennos mejor comida cuando trabajamos para ganarnos la vida; proporciónennos leyes más benévolas que nos ayuden a rectificar cuando nos equivocamos, y no nos pongan siempre delante la cárcel (…)”Dickens divide la obra en cuatro cuartos, como los cuartos de hora de un reloj, y es el tercer cuarto el más aterrador de todos, no solo por la presencia de los espectros, sino por las escenas terribles que Trotty se ve obligado a presenciar y las desgarradoras circunstancias que llevan a Meg a la desesperación. Y es que, algunos de los acontecimientos que se narran en el cuento, están basados en noticias que salieron en la prensa aquel año y el escritor, en su lucha por los pobres y por la concienciación, no las podía pasar por alto. Al final de la historia es el propio autor el que nos habla para hacernos reflexionar sobre el desenlace abierto y es el lector el que debe elegir qué creer: 
“procuren recordar las crudas realidades de las que proceden estas sombras, y en su entorno (…) traten de enmendarlas, mejorarlas y dulcificarlas. ¡Y que así el Año Nuevo sea un Año Feliz para ustedes y feliz para todos aquellos cuya felicidad depende de ustedes! (…)”. 
El cuento de Las campanas no transcurre propiamente el día de Navidad, sino en la Nochevieja y finaliza cuando llega el Año Nuevo, pero, como en Canción de Navidad, Dickens volvió a recurrir al elemento sobrenatural como hilo conductor de la historia, porque éste le parecía un ingrediente indispensable en aquellas fiestas y lo utilizó en casi todos los cuentos de Navidad posteriores, junto al tema de la familia, el hogar, el perdón y el amor.

Las campanas. Charles Dickens.

Richard y Meg bailan en un pasaje de "Las campanas".
Foto gentileza de Ángeles.

Las campanasfue una obra recibida con gran expectación gracias al éxito que tuvo Canción de Navidad el año anterior. Dickens había regresado desde Italia únicamente para hacer una lectura a varios amigos antes de la publicación. Solo estuvo una semana en Inglaterra, el tiempo suficiente para dejarlo todo arreglado para que saliera a la venta. La primera edición fue idéntica a la de su predecesor y contaba, también, con cuidadas ilustraciones, pero esta vez no fueron en color, para ahorrar en los costes de producción. El libro causó un gran impacto: en las primeras semanas se estrenaron cinco obras de teatro basadas en la historia de Trotty y se vendieron 20.000 ejemplares, todo un éxito. Pero su fama acabó eclipsada por el éxito continuado de Canción de Navidad. La crítica no fue unánime con Las campanas, mientras unos apoyaban el mensaje social, a otros les pareció que tenía un carácter político demasiado radical. 

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