
Allá fuera los árboles están llorando, han perdido todo su verdor y otros han sido despojados de sus hojas. Que pesadumbre la tierra está expresando, es como si se sacudiera de todo lo que le duele y le pesa. A mi me pesa la vida y quisiera tener mi otoño. No quiero estar más triste por decisiones que ya tomé y me han sometido a pruebas crueles.
Me asomo a la ventana en el atardecer sintiendo como mis gusanos corren por mi cabeza. Muchas veces los quiero callar pero otras veces son mis mejores amigos. Escuchan los misterios de mi corazón, los miedos que siento a la vida diaria, pero me asfixian y no me dejan avanzar. Es como si con cada palabra que les dijera le cayeran hojitas y crecieran dentro de mi.
Ya no siento la necesidad de ser la mariposa que fuí. No quiero lo pasado, ni los viejos amigos, ni los amores de mentiras. Serena en un silencio que me parecía aterrador voy aprendiendo. Transición.
Me trepé en el cuadrilátero de la vida enfrentando a mis enemigos disfrazados de amigos. Fueron muchas batallas simultáneamente y me cansé. No estoy fortalecida del todo he necesitado muchas noches para gritar y dejar ir. Pero hay un sentimiento que no me permite ceder. No me rindo. Hay días en los cuales le grito a mi corazón; ¡No duele! ¡No duele!
Con efervesencia sigo viviendo.
