Revista Arte

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

Por Lparmino @lparmino

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

Las hilanderas o La fábula de Aracne, h.1657, Velázquez
Museo del Prado - Fuente

La desdichada historia de la joven Aracne sirvió de pretexto para que Velázquez tejiese un relato audaz y pleno de significados que todavía hoy despierta la admiración del público y la curiosidad de los expertos. Las hilanderas o La fábula de Aracne resume la trayectoria vital de uno de los principales pintores de todo el siglo XVII español. Durante mucho tiempo, el lienzo ha sido visto como una de las cumbres artísticas alcanzadas por Velázquez ya al final de su carrera. Pero también su estudio y contemplación reflexiva alimentó las más variadas teorías en torno al mensaje que el sevillano ocultó entre sus figuras y escenas sin que, todavía hoy, se pueda afirmar como cierta ninguna de las hipótesis esgrimidas hasta el momento.
 

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

Detalle de Las hilanderas, tapiz central con el rapto de Europa
Museo del Prado

El cuadro dentro del cuadro, asunto peculiar pero ciertamente común en la pintura barroca española. Detrás de una escena que parece revelarse como la principal, surge una segundo historia que esconde un determinado mensaje que el autor considera como el primordial y, por lo tanto, el que posee un mayor significado que sólo se desvela a los entendidos en la materia. Las hilanderas o La fábula de Aracne trata una historia compleja. Durante cierto tiempo se consideró simple escena de género en un primer plano que retrataría una estampa cotidiana de las trabajadoras de la fábrica de tapices de Santa Isabel. Lecturas posteriores, sin embargo, consideraron el lienzo asunto mitológico relacionado con el castigo impuesto a Aracne. La joven había osado desafiar a la diosa Atenea en una competición que dilucidaría quién de las dos eratejedora más hábil. La diosa, enfurecida ante la vanidad de la joven, quien representó en un tapiz los amoríos de Zeus y sus engaños para conquistar a las mujeres, decidió transformar a Aracne en araña. 

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

El rapto de Europa, 1560 - 1562, Tiziano
Isabella Stewart Gardner Museum, Bosón - Fuente

Podemos distinguir tres planos de lectura. El primero cuenta con la presencia de cinco mujeres entregadas a las labores propias de la preparación del tejido. Desde el punto de vista mitológico podría considerarse como el momento en que se desarrolla el concurso. En una segunda escena, siguiendo en profundidad el cuadro, tres elegantes mujeres contemplan un tapiz. Lucas Redondo Bonet recoge cómo Camón Aznar llegó a considerar, incluso, que podría tratarse de la infanta María Teresa visitando el taller de tapices antes mencionado. La visión mitológica, apuntado en su momento por Angulo, incide en la figura que con un yelmo representaría a la diosa Atenea en el momento de castigar a la joven Aracne, en presencia de otras mujeres. Por última, la escena final, la que ocupa el centro del lienzo, está protagonizada por el tapiz de la discordia que representaría el rapto de Europa a manos de Zeus metamorfoseado en toro blanco.
Es evidente la complejidad iconográfica del tema representado por Velázquez. De la misma manera, se podría considerar la maestría técnica desplegada por el sevillano convirtiendo a este lienzo en uno de sus mayores logros como han puesto en evidencia todos los especialistas que se han acercado a él a través de un análisis detenido y riguroso, destacando especialmente la genialidad lograda a través de la manida perspectiva aérea que configura una escena plena de tridimensionalidad; o la consecución del movimiento como bien puede observarse en la rueca del primer término.

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

El rapto de Europa, 1628 - 1629, Rubens
Museo del Prado - Fuente

Sin embargo, todavía más interés reviste la variada pléyade de interpretaciones alegóricas que ha suscitado esta compleja escena. Para muchos, no habría que aventurar hipótesis y sólo deberíamos ver una simple representación de género. Pero para muchos otros, la visión es mucho más profunda y podríamos trazar un discurso político en el que Velázquez describe simbólicamente los componentes del buen gobierno de una España azotada entonces por una grave crisis política. Lectura más interesante hace referencia a la nobleza del arte de la pintura, convirtiéndose este cuadro en ferviente alegato velazqueño a favor de este propósito que tanto preocupó a los pintores de la España del siglo XVII. Las hilanderas, junto a Las Meninas, se convertirían en dos manifiestos a favor de este loable propósito, como remarcó Giles Knox en Las últimas obras de Velázquez (“La venganza de Velázquez”, publicado el 15 de diciembre de 2012 en El Mundo). Javier Portus, por su parte, nos refiere al artista sabedor y plenamente consciente de su enorme capacidad, que desea situarse en la estela de los grandes genios de la pintura: de un Tiziano, que había compuesto un magistral rapto de Europa para Felipe II; y de un Rubens, que había copiado y adaptado la obra del veneciano.
A través de este óleo, una de las obras cumbres en la carrera artística de uno de los mayores genios de la pintura española, Velázquez traza un complicado mensaje lleno de alegorías y símbolos fuertemente intelectualizados que complican su lectura. Todo puesto al servicio de un único fin: el reconocimiento de la grandeza de su arte como tal.
Luis Pérez Armiño

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