A veces vienen en forma de descanso, vacaciones, enfermedad o alguna circunstancia difícil. Cuando estamos en algún tiempo de pausa la perspectiva de las cosas cambia. Posiblemente empezamos a ver todo con mayor claridad o empezamos a aceptar nuevos puntos de vista y dejamos de ser tan cerrados en nuestra forma de pensar. Si nos dijeran que tenemos alguna enfermedad terminal, nuestra forma de ver la vida cambiaría, nuestros problemas cotidianos perderían importancia y aprenderíamos a apreciar con mayor intensidad la vida. Si nuestra pausa sólo viene a manera de descanso o vacaciones, aprovechemos para poner nuestros pensamientos en orden antes de que termine el 2013. Yo le llamo atacar el nuevo año…ataquemos el 2014. Que no nos alcance desprevenidos…no esperemos hasta el 31 de diciembre a media noche para definir nuestras metas…deberíamos estar evaluando nuestro año desde ya. ¿Qué alcanzamos? ¿Qué no alcanzamos? ¿Qué quisiéramos cambiar? ¿Cómo podemos mejorar? Para los que somos padres es mucho más fácil comprender esas pausas porque cuando nuestros hijos sufren algún golpe o dolor, entonces nuestra perspectiva cambia y nada más importa…solo que ellos mejoren. Entonces, cada pequeña pausa nos sirve para detenernos a reflexionar en lo que es importante, en el porqué hacemos lo que hacemos y en retomar el camino que nos habíamos trazado desde un principio.
