Revista Psicología

Las relaciones

Por Ipiera68 @Iciar_Piera
Las relaciones

"Mira a tu hermano otra vez, pero con el entendimiento de que él es el camino al Cielo o al infierno, según lo percibas. Y no te olvides de esto: el papel que le adjudiques se te adjudicará a ti, y por el camino que le señales caminarás tú también porque ese es tu juicio acerca de ti mismo. T-25.V.6:5-6"

Si te dieras cuenta de que cada vez que te encuentras con alguien es contigo mismo con quien te encuentras, te aseguro que tus relaciones serían totalmente distintas. Si recordaras que aquel con quien te encuentras acaba de llegar del cielo y que lo que tú percibes no son más que tus propios juicios que impones sobre él, cada encuentro sería un ofrecimiento del amor completo, que es aquel con quien te encuentras.

Seguimos creyendo que hay alguien externo a nosotros con quien nos estamos relacionando, pero eso no es así. Es posible que aún no hayas tenido esa evidencia. No obstante, podrás reconocer que cuando te encuentras con alguien, de lo único de lo que eres consciente es de tus propios pensamientos acerca de él. Lo único que experimentas son los sentimientos que sientes por esa persona, producidos por los pensamientos que tú tienes de ella. Todo eso ocurre en tu mente. Estás tomando todas esas decisiones en función de la calidad de los pensamientos y emociones que experimentes con quien te relacionas; entonces decidirás acercarte o distanciarte. Pero en realidad, esa decisión que tomaste no tiene nada que ver con la persona que ves, sino con lo que tú has decidido previamente que esa persona significa para ti.

Eso muestra que no eres libre ante ese encuentro o relación. Tus pensamientos ya han establecido el escenario que te va a llevar a tomar la decisión de cómo comportarte o que sentir respecto de esa persona. No eres libre en ningún momento porque estás sometido a tu forma de pensar y de ver el mundo. Creemos que ser libres es usar libremente nuestras ideas y defenderlas y no nos damos cuenta de que somos esclavos de ellas. No vemos que ser libres es cruzar o pasar por alto esos pensamientos que están fundamentados en experiencias pasadas y que no tienen nada que ver con el presente. Al hacer esto nos sometemos a vivir el presente como todo lo vivido en el pasado, en lugar de ser libres de vivirlo como es en realidad.

Cuando tratas de cambiar a alguien no tienes éxito porque lo que en realidad tratas de cambiar es lo que tú ves en esa persona y lo que ves en esa persona es un pensamiento tuyo. Tratar de cambiar un pensamiento tuyo bajo la admisión de que está fuera de tú mente es imposible. Lo que tratas de cambiar en lugar de la causa del conflicto (tu mente) es al blanco al que tú lanzas tu propio juicio, tal cual lo ves una vez el juicio ha impactado en él. Es lo mismo que lanzar una flecha desde veinte metros a una diana y fallar, y luego tratar de corregir el error moviendo la diana desde donde tu te encuentras a veinte metros de distancia, en vez de tomar la responsabilidad del error, apuntar mejor y acertar en el blanco. Corregir el error no demanda ningún cambio respecto al error anterior, tan solo requiere un nuevo lanzamiento bien enfocado que dé en el blanco. Así que lo único que hacen tus relaciones es informarte continuamente. Te informan de si estás alineado con tu realidad o no. Te informan de que tipo de juicio estás emitiendo, de si es real o está errado. ¿Cómo saber si está alineado o es real? Muy fácil. Si está alineado o enfocado te sentirás completamente feliz; si no lo está, sentirás cualquier otra cosa y lo único que requerirá es que vuelvas a mirar esa relación tal como es en realidad en lugar de usar el tiempo para tratar de cambiarla o ajustarte a ella.

Si las relaciones tienen algún sentido, éste es aprender a estar alineado con tu Ser. Nada más.

"Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que tienes de ti mismo mientras perdure la percepción. T-7.VII.6:2"

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando: ¿Qué clase de personas hay aquí?

El anciano le pregunta: ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

"Oh, un grupo de egoístas y malvados" replicó el joven. "Estoy encantado de haberme ido de allí".

A lo cual el anciano comentó: "Lo mismo habrás de encontrar aquí".

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó: ¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta: ¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

"Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado".

"Lo mismo encontrarás tú aquí", respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cuál el viejo contestó:

Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí. Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

No hay amor que "conseguir" en el mundo. El mundo es tan neutral como un espejo; todo lo que vemos en él es lo que nosotros ponemos ante él. Si intentamos "conseguir" amor de este mundo, nos iremos sumergiendo cada vez más en una experiencia de carencia y de falta de amor. Cuando de verdad integramos que no hay nada en el mundo que podamos conseguir y que, por el contrario, somos nosotros los que tenemos que aportar el amor incondicional a nuestra experiencia del mundo, será cuando cruzaremos el puente que nos lleve a una nueva experiencia vital, una experiencia vital mucho más profunda. Entonces habremos aprendido el secreto de la experiencia del amor incondicional, que consiste en que somos nosotros los que tenemos que dar ese amor incondicional. ¿Por qué? Porque, en nuestra experiencia, somos los únicos que podemos hacerlo. Somos al ciento por ciento responsables de la calidad de todas nuestras experiencias.

Fuente: Michael Brown, El proceso de la presencia

Para terminar esta entrada un vídeo de unos de mis autores favoritos, Jeff Foster, donde habla de la verdadera sanación. <3

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