Revista Cultura y Ocio

Lecturas encadenadas. Julio

Publicado el 03 agosto 2020 por Molinos @molinos1282

Lecturas encadenadas. Julio

Portada de 20 de julio de 1951. De Arthur Getz

No sé me ocurre nada que escribir como breve introducción a este post. Ha pasado julio, otro mes más en este año que no termina nunca y que, a veces, me gustaría poder saltarme con un chasquido de dedos. Hago chas y aparezco en el verano de 2021. 
A principios de mes, mientras conocía una Ibiza sin turistas, sin aglomeraciones, sin gente en las playas, leí Salvaje de Cheryl Strayed. Había comprado este libro porque durante el confinamiento escuche el podcast que la autora hizo charlando con autores de más de sesenta años sobre la pandemia, la escritura y su manera de enfrentarse a la vida. (Lo recomendé aquí). Ella, a pesar de ser demasiado americana y un pelín cursi de vez en cuando, me pareció interesante y sobre todo me gustó su manera de preguntar, de dialogar con los entrevistados. Al comentarlo en redes, alguien me recomendó este libro y como quería saber más de ella decidí leerlo. 
¿Qué cuenta Cheryl? Con veinticuatro años y tras morir su madre de un cáncer fulminante, Cheryl se encuentra descolada y arrasada de tristeza. Deja la universidad, se dedica a boicotear su matrimonio, se divorcia y se enrolla con un tío que la lleva a la heroína. En un momento de lucidez de esos que tienen los americanos, decide que lo que tiene que hacer es lanzarse a recorrer el Sendero del Macizo del Pacífico que discurre paralelo a la costa del océano desde México a Canadá. Y allí que se va con una mochila que pesa más que ella y sin tener ni idea de la montaña ni de a lo que se enfrenta. Salvaje es una aventura con pies doloridos, uñas arrancadas, sed, hambre, amistades forjadas en el sendero, reflexiones y el intento de Cheryl de reencontrarse así misma. Mientras nos cuenta sus desventuras caminando (que son muchas), nos enteramos de cómo fue su infancia, la relación con su madre, con los hombres y lo que aspira a conseguir cuando, por fin, llegue a la frontera de Oregón y Washington. 
¿Está bien este libro? Pues bueno, a mí no me emocionó demasiado y la prueba es que tardé más de una semana en terminarlo a pesar de ser una lectura facilísima. Puede que la comparación con Un paseo por el bosque de Bill Bryson, que leí a principios de año, haya pesado mucho en mi sensación de que lo que cuenta Cheryl no me interesa demasiado. 
¿Lo recomiendo a pesar de esto? Pues sí, es una lectura fácil, muy de tumbona y de peli de sobremesa. De hecho, hay una peli basada en este libro protagonizada por Reese Whiterspoon que tengo intención de ver en cualquier momento.  
Mis Delibes del mes han sido una relectura de El disputado voto del Señor Cayo para ir bien preparada a la charla de Valladolid y la lectura de Diario de un emigrante ya que Diario de un cazador me gustó muchísimo. 
En esta especie de continuación de las aventuras de Lorenzo, éste se ha casado con Anita y tras recibir una invitación de un tío de la chica, deciden emprender la aventura y embarcarse hacia Santiago de Chile. Para mi, la travesía en barco es lo mejor de la novela. Tiene encanto, peso, identidad y parece un retrato perfecto de cómo debían ser esos viajes. Cuando llegan allí, primero a Buenos Aires y después a Chile, todo se convierte para los protagonistas en desilusión y decepción y para el lector en tedio e incomodidad. Para mí, Diario de un emigrante es un libro fallido porque todo está basado en Lorenzo y así como en Diario de un cazador, él resultaba entrañable y cercano, aquí resulta amargado, antipático y desagradable. Creo que también influye el hecho de que Delibes es siempre mejor escribiendo de lo que conoce de primera mano y creo que la vida de un emigrante que se abre camino en Chile le pillaba demasiado lejos. Eso sí, el uso del lenguaje es apabullante. Como dijo Tallón en la mesa redonda de Valladolid: «Delibes escribe en un idioma que ya no existe».
¿Recomiendo Diario de un emigrante? De Delibes hay que leer todo lo que se pueda pero este podéis dejarlo para el final. 
Tras estas dos lecturas no del todo satisfactorias me lancé a leer Despojos. Sobre el matrimonio y la separación de Rachel Cusk. No me voy a extender en comentar este libro porque ya lo dije todo la semana pasada. 
Leed Despojos aunque os duela y os haga revolveros en la tumbona. 
¿Os podéis creer que nunca había leído Diez Negritos de Agatha Christie? Pues creedlo. Hasta este mes de julio, y si la memoria no me falla, jamás había leído nada de Christie. Este año los Reyes le trajeron a María cuatro novelas de la autora inglesa con la esperanza de que se volviera a aficionar a la lectura. Por supuesto, eso no ha ocurrido pero a mí me ha servido para pasarme un par de días en la Isla del Negro intentando saber quién era el asesino. Diez negritos es uno de los libros más vendidos de la historia de la literatura junto con la Biblia y entiendo su éxito. Es una novela de intriga, con personajes interesantes que eres perfectamente capaz de imaginar en tu cabeza y que te enfrenta constantemente a la idea de que estás tratando de descubrir el truco, al asesino, pero Christie es más lista que tú y además tiene todos los trucos. 
¿Recomiendo leer Diez Negritos? Pues claro. Una buena novela policiaca con asesinatos y asesinos, bien escrita y con personajes que toman el té y se arreglan antes de bajar a cenar cuando suene el gong es siempre buena idea. 
La mejor lectura del mes ha sido una que me llegó por sorpresa. En la Librería Sandoval de Valladolid, Juan Tallón me dijo «a mí este me gusto, creo que a ti también te gustará».  No fue efusivo ni entusiasta ni nada por el estilo pero me convenció y acertó. El amigo de Sigrid Nuinez ha sido todo un descubrimiento. (Al empezar a leer me di cuenta de que Amaya Ascunce la había recomendado en el podcast de Cristina Mitre). 
El amigo es una novela extraña que te sorprende casi en cada página. La premisa de la novela es la historia de una mujer que tras la muerte de su mejor amigo se ve obligada a quedarse con el perro de éste, un gran danes enorme. Un perro demasiado grande para su apartamento y demasiado emocional para que cuidar de él no acabe acarreando una relación casi tan personal como una relación de pareja.  Partiendo de esta premisa la novela reconstruye la historia de la amistad entre ella y el amigo muerto y está plagada de reflexiones sobre la soledad, las relaciones, leer y escribir. 
«Seguro que me preocupó que escribir acerca de ello fuese un error. Escribes algo porque esperas controlarlo. Escribes acerca de experiencias en parte para comprender lo que significan, en parte para no olvidarlas con el tiempo. En el olvido. Pero siempre está el peligro de que suceda lo contrario Perder el recuerdo de la experiencia en sí en el recuerdo de escribir sobre ello. Como la gente cuyos recuerdos de lugares a los que ha viajado son de hecho solo recuerdos de las fotografías que tomaron allí. Al final, la escritura y la fotografía probablemente destruyen más del pasado de lo que sin duda lo conservan. Así que podría suceder: al escribir sobre alguien a quien has perdido —o incluso nada más que hablar demasiado sobre ese alguien— puede que lo estés enterrando para bien»
Me ha gustado muchísimo y he doblado muchísimas esquinas. Hay además muchas reflexiones sobre un tema del que se habla mucho últimamente: la separación de obra y artista y la estúpida exigencia moralista que pretende que un autor, un artista de cualquier clase, deba ser moralmente intachable para los valores de la época actual para poder si quiera empezar a considerar su obra.
El libro está además lleno de citas de escritores y ésta de Rilke me ha gustado especialmente:
«Quizá todos los dragones de nuestra vida son princesas que solamente esperan vernos alguna vez actuar con belleza y valor. Quizá todo lo que nos asusta sea -en su más profunda esencia- algo indefenso que solo ansía nuestra amor»
Corred a leer El amigo.
Y con esto y una pila de veinte libros pendientes y las vacaciones por delante, hasta los encadenados de agosto que, si todo va bien, espero que sean multitudinarios. 

Volver a la Portada de Logo Paperblog