
Lee. Lee todo lo que puedas y más. Y no escatimes miradas, ni segundas lecturas.
Lee los carteles de la carretera, las indicaciones a otros lugares, la letra pequeña de los medicamentos, el ácido ascórbico de los zumos. Lee ese pedazo de papel que alguien olvidó, con una frase misteriosa hasta que adquiera significado. Hazla tuya, es cuestión de tiempo.
Ve a la biblioteca, y elige libros al azar. Autores desconocidos, palabras inesperadas. Conviértete en un explorador de mundos imprevistos; desvíate de la senda del conocimiento trazado. Vive como una salvaje ilustrado, recorriendo parajes gramaticales sin destino. Surca mares de ideas escritas un año, veinte… ¡diez siglos atrás! Piérdete en el conocimiento de los libros, revistas, periódicos, frases inconclusas, porque todo lo que leas te ha de servir: de un modo misterioso, las piezas del rompecabezas se irán juntando y te mostrarán las claves un aprendizaje eterno.
