Revista Cultura y Ocio

Leer en la escuela

Por Calvodemora
Leer en la escuela
 Leer en la escuela“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta ‘el modo imperativo’. Yo siempre les aconsejé a mis estudiantes que si un libro los aburre lo dejen; que no lo lean porque es famoso, que no lean un libro porque es moderno, que no lean un libro porque es antiguo. La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz."- Jorge Luis BorgesEn clase he tratado de ser consecuente con el lector que soy y he sopesado si el maestro perdería en esa liza difícil. Es posible que no tenga que perder ninguno. He procurado que mis alumnos lean con placer y me he preocupado más por conseguir que el libro sea algo a lo que acudan sin se que se les exija antes de que lo consideren una pieza más en todas las obligadas, y sabemos qué se suele pasar con todo a lo que se nos empuja. He empezado muchísimos libros que he dejado a la quinta página o a la cien. Es un acto de confianza en los libros al pensar que habrá otro que me dé lo que el defenestrado no pudo. Promover la lectura en el colegio es fácil: conozco los métodos suficientes y algunos funciona, de verdad. Lo que no sé si tiene un prontuario al que acudir es conseguir que los alumnos no sólo lean, sino que necesiten leer. Esa empresa se acomete curso a curso y uno se siente feliz cuando sabe que ha logrado que algunos se entusiasmen con los libros. Uno de los placeres de ser maestro consiste precisamente en eso: no enseñar contenidos que más tarde se despeñan o se difuminan o adquieren una borrosa presencia en la memoria y valen ciertamente para bien poco, sino crear la inquietud de saber y fomentar la idea de que la cultura es una expresión de belleza y de inteligencia. Hacemos los maestros cosas increíbles, perdonad que me envalentone y me ponga vanidoso. No hace falta hablar de libros el día del Libro y festejarlo como si algo de verdad útil pudiera salir de una efemérides entre otras cien que la escoltan y hasta desacreditan. Festejamos demasiadas cosas en la escuela. La del libro es cosa que sucede sin que se le haga registro. Basta que el alumno perciba el amor del maestro cuando cita los cuentos que ha leído y deja que hable su corazón. No sé dónde está el corazón en una de esas programaciones grises que tenemos en los cajones o en un pen drive. Ese es otro asunto. Es cierto: el verbo leer carece de imperativo. Qué listo y qué entusiasta era mi querido Borges.

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