Revista Cultura y Ocio

Leído este año

Por Mientrasleo @MientrasleoS

Leído este año
     "Me gusta extraviarme de mi mismo a través de otras mentes: cuando no estoy pensando estoy leyendo. Soy incapaz de sentarme a pensar, los libros piensan por mi."
     Charles Lamb
     En estas fechas parece que lo que toca es hacer un recuento de las lecturas anuales. Si tuviera que decir un nombre que me ha causado un impacto con sus letras, seguramente no lo dudaría más de unos segundos: Carlos Castán y La mala luz. Pocas veces se encuentra una con un libro de un estilo tan depurado y magnético como el que me atrapó este verano, sin dejarme salir de sus frases que profundizaban en una hermosa superficie repleta de soledad. Pero no ha sido el único, ni mucho menos. Hace no demasiado me dejé llevar por las dos historias que comparten Secretos del Arenal, otra novela en la que destaca el cuidado uso del lenguaje que hace su autor, Félix G. Modroño, en ambas historias. Y si se trata de dos historias en una novela, no puedo dejar de hablar de Antonio Muñoz Molina, que acaba de darme la alegría de publicar Como la sombra que se va, un libro en el que ha recuperado ese tono que hizo que lo colocara como un imprescindible entre mis lecturas. Una historia sobre dos vidas y una ciudad que a grandes ratos parece susurrarse al lector, como si fuera dirigida personalmente a cada par de ojos que se posan en ella. También Víctor del Árbol nos enseñó este año lo que era Un millón de gotas en el mundo, con una historia que encogía el alma, una vez más, como si supiera que botón pulsar en sus lectores. Y si hablo de relatos, tengo que citar Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón, una novela estructurada en relatos o tres relatos que acaban componiendo la historia completa de una novela, que me fascinaron tanto como el título que lleva la obra. Parece que todo son lecturas pausadas, pero también estuvo El hombre de la máscara de espejos, demostrando que tenemos novela negra por descubrir dentro de nuestras fronteras.
     Pero no todo ha sido dentro de nuestras fronteras. Richard Ford me llevó aCanadá en una de las mejores lecturas del año, y eso que la realicé en enero creo recordar. Lolito, de un jovencísimo Ben Brooks, nos enseñó el sabor amargo del Nesquik de fresa y La muerte del padre fue purgando el dolor de la ausencia de una figura que ya parecía ausente antes de irse. Aunque para ausencias, el ataúd de papel construido por Delphine de Vigan para presentarnos a su madre en Nada se opone a la noche. Aprendimos también que la forma es parte de la historia con La casa de hojas, un libro que se auto reivindica como objeto además de como lectura, y nos enseña monstruos que se esconden en espacios que no existen. Monstruos que pueden ser humanos y participar en el Ritual de Pinner.
     Pero no son todo monstruos, no. Cartas de amor de Dylan Thomas llegó para hacerme recordar los tiempos en que las misivas iban con sello atesorando sentimientos tan contradictorios como arrolladores: pasiones del cuerpo, del alma... Y si hablamos de pasiones, conocidas son las mías por David Foster Wallace y Thomas Pynchon, así que no pude resistirme a traer a mi casa Esto es agua y conocer las palabras de Wallace apenas tres años antes de su muerte prematura. Como tampoco me resistí Al límite de Pynchon junto a Maxine Tarnow.
      Tantos libros han pasado por mis manos que estoy segura de olvidar al menos una docena de ellos. Aunque recuerdo El nadador en el mar secreto y su tremenda historia que, exenta de sentimentalismos baratos, remueve al lector en apenas un puñado de páginas. O Ubik, y su relato imposible de un término aplicable a todo o tal vez a nada.
     Tantas historias, tantos libros, tantos personajes que logran conmovernos, provocar nuestro odio o desdén, cansarnos, alegrarnos... alguno incluso enamorarnos.
     Para un lector, cada año se escribe con la tinta de los libros que pasaron por sus manos, con las palabras que lograron conmoverlo por el momento en que fueron elegidas, con los sentimientos que asociaron a ellas. Porque el diario de un lector empedernido, no lo dudemos, podría escribirse perfectamente a partir de sus filias y sus fobias. Así que cuidado con vuestra respuesta hoy, porque mi pregunta pretende desnudar esa pequeña parte de vosotros que queda escondida tras las cubiertas de un libro.
     ¿Podéis decirme el título de alguna lectura que haya marcado este 2014?
 
     Gracias

Volver a la Portada de Logo Paperblog