Revista Opinión

¿Líderes o ciudadanos?

Publicado el 04 mayo 2015 por Jcromero

Formamos parte de una sociedad conformista que acepta cualquier situación como si no fuera posible ni valiera la pena cambiarla. No estamos por salir a la calle ni por llenar las urnas para, voto a voto, ocupar las instituciones que legislan nuestra convivencia diaria, deciden nuestra condiciones laborales o nos asaetan a impuestos. Llevamos tiempo buscando el eslabón perdido entre la realidad y este conformismo inmovilizador. El sarpullido brota cuando nos gobierna esta derecha que lo mismo nos quita derechos que se apropia de este país como si fuera un amante de usar y tirar.

Bajaba aburrido el río del desencanto cuando nos sorprendió la tormenta perfecta. La riada amenazaba con inundarlo todo, era necesario que el fango saliera a la luz en este país de trileros y sectarios, de arrogantes y necios. Desde el 15-M no hemos vuelto a ningún esfuerzo colectivo. Mejor delegar que arriesgar; preferible que en un grupo de individuos asalte el cielo por nosotros. Constatada la inoperancia de los partidos tradicionales, nos encandilamos con nuevas formaciones que aparecen en el espacio político. Nos ilusiona más su oratoria que sus propuestas, programas o iniciativas. ¿Nos seducen o nos dejamos seducir?

De Ciudadanos solo me interesa su capacidad para dividir a una derecha que, por primera vez, parece repartir sus votos y escaños entre dos formaciones de implantación nacional. Quizá por aquello del voto depositado, otra opinión  me merece Podemos. A este paso, la esperanza mutará en fiasco. De momento, y según las encuestas, parece que debilita a IU y PSOE, pero no culparía a Podemos por la anemia creciente de estos partidos. Sus causas hay que encontrarlas en la incapacidad de los mismos para conectar con un electorado más dispuesto a abrazar una hipótesis antes que reincidir en la decepción, la frustración y el desengaño. En todo caso, más que el caso Monedero y, en menor medida, el asunto Errejón lo que ha dañado la imagen y percepción de Podemos es su reacción. Lo que merma es actuar como lo hacen los partidos tradicionales.

Hay un sector de la ciudadanía que exige radicalidad contra la corrupción política y económica, que no acepta la prioridad bancaria sobre la humanitaria, que antepone las personas al sistema. En este grupo de ciudadanos radicaba la fortaleza de un Podemos, que comenzó como un movimiento de izquierda para terminar por definirse ni de izquierda ni de derecha, ni monárquico ni republicano. La metamorfosis aumenta con cada sondeo. Cada encuesta publicada supone un acercamiento a viejas formas de entender la política. El modelo de organización muta al estilo tradicional y clásico de los partidos de siempre; de los círculos se pasa a la jerarquía del aparato y a ensalzar el 2 de mayo al más puro estilo del nacionalismo español.

Podemos corre el riesgo de repetir la desviación de un PSOE que de socialista pasó a socialdemócrata para terminar en algo parecido a un partido social liberal. Por estrategia o cálculo electoral, Podemos pasa de ser un movimiento radicalmente democrático a enarbolar la bandera de la socialdemocracia. En ese tránsito, abona el terreno a nuevas decepciones y lo fía todo a ganar las elecciones y a su líder. Pero, ¿es Pablo Iglesias un líder?

El líder no es el que se acomoda a las exigencias de un guion previo ni quien desde la soflama o la demagogia, disfrazada de habilidad dialéctica, se dedica a vender ilusiones como si fueran realidades. Un líder no actúa como ese comunicador mediático que, con tanta vehemencia como pericia, nos engatusa con productos y soluciones milagreras. El líder deja de serlo si se nos publicita como un coche, un película o un producto de consumo. Pero, ¿necesitamos líderes o ciudadanos?

Es  lunes, escucho a Jeremy Sassoon:

Yo no soy politólogo  La dieta de Gwyneth Paltrow, todo un reto El sobresueldos y su banda  Ciudadanos desplaza a Podemos La veleta de Ciudadanos Podemos solo se reajusta, no se fractura La sartén y la alcuza Podemos siempre en medio de la polémica  Lo que España merece

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