Revista En Femenino

Lo que sé sobre mí misma

Por Tenemostetas
Por Ileana Medina Hernández
Lo que sé sobre mí misma
Todo lo que sé sobre mí misma lo aprendí después de tener hijos.
No digo que no haya otras maneras de aprender sobre una misma, pero la maternidad ha sido para mí la luz de la linterna divina que me enseñó cuáles son mis limitaciones, capacidades, mierdas, sombras, inseguridades y miedos... y también todas mis luces, mi energía, mi creatividad, mi capacidad de amar y cuidar, mi apertura mental y emocional, mi resistencia, mi tolerancia...la oportunidad de comprobar cómo funciona mi cuerpo, mi inteligencia y mis emociones.
Sinceramente creo que nadie puede presumirse mental y emocionalmente sano si no ha tenido hijos, o no ha sufrido la pobreza, la emigración, el maltrato o la enfermedad. Si nunca se ha visto obligado a salir de su zona de confort.
Creo que desde el relativo bienestar permanente no conseguimos conocernos a nosotros mismos, por mucha terapia que vayamos o muchos libros que leamos, por mucha comprensión teórica que tengamos sobre la vida o los asuntos.
Si tengo un trabajo que me gusta, y salgo del trabajo y voy a una casa confortable, con una pareja armoniosa, y me dedico a leer, a hacer deporte, a escuchar música, a viajar... vale sí, es un mundo adulto aparentemente sano (así era mi propia vida antes de tener hijos) pero... ¿cómo puedo saber cuáles son mis límites, mi capacidad para responder a las demandas, mi capacidad para amar incondicionalmente, mi capacidad para cuidar, para no violentarme con las demandas y necesidades ajenas, mi capacidad de dar, mi paciencia... en definitiva, lo que podemos llamar mi grado de desarrollo humano, emocional, espiritual?
Siempre digo que es muy fácil ser "gurú" desde un púlpito. Que es fácil ir por el mundo dictando conferencias. Que es fácil retirarse a meditar en soledad, incluso creo que es fácil ser un ermitaño. Todo el conocimiento "espiritual" (igual que el científico, el político y casi todos los conocimientos que manejamos) han sido desarrollados y escritos en su mayoría por hombres que no han cuidado nunca en su vida a nadie, ni a sus propios hijos cuando los han tenido. Que encerrados en despachos, no han puesto a prueba su capacidad para relacionarse con las personas, mucho menos con personas necesitadas, niños pequeños, enfermos, mayores... que tengan que estar al pie del cañón cuidándolos las 24 horas del día los 365 días del año. Cerramos la puerta cuando algo nos molesta y seguimos en nuestro mundo. Alguien nos ayuda con la limpieza, la comida o la ropa... alguien satisface nuestras necesidades más básicas. Es una vida ideal, no lo niego, no juzgo tampoco a quien la lleva, podría ser yo misma en muchos de esos aspectos.
Pero así no podemos ponernos a prueba. Saber cuál es de verdad nuestra capacidad emocional, nuestra capacidad de dar y de cuidar, sin que salgan los demonios, las violencias y las mierdas que llevamos dentro. Todas nuestras neurosis provienen de la falta de cuidados que recibimos cuando somos niños que a su vez proviene de un orden social de dominación. Y esas, solo salen cuando tenemos de nuevo ante nosotros otra niña demandante, otra niña libre y sin programar que nos recuerda constantemente cuán poco libres somos y cuán poca capacidad tenemos para cuidar, para permanecer, para dar.
Me parece una tontería eso de mandar a la gente a "salir de la zona de confort". Nadie sale por su propia cuenta de la zona de confort, y si sales, es porque no era tan confortable como creías. En realidad todos buscamos el confort, material y emocional. Pero es la propia vida la que ya se encarga de ponerte en situaciones que te ponen a prueba. Viví una dictadura, viví situaciones de pobreza, fui emigrante, luego fui madre. En esas situaciones se produjeron digamos "despertares" (el de salir del matrix de la dictadura, el de acostarme con hambre y sin agua para ducharme, el de irme a vivir a otra cultura sola y sin conocer a nadie, el de tener en brazos una maravillosa criatura que lo es todo para mí y depende de todo para mí...) No he vivido afortunadamente enfermedades graves, ni en mí ni en mi entorno. Ninguna de esas situaciones fue sin embargo tan potente como la maternidad. Ninguna me mostró más sobre mí misma y sobre mi linaje y sobre la sociedad.
Sinceramente, dudo mucho que quien no ha vivido una experiencia de cuidado permanente y relativamente larga pueda estar capacitado para dictar sobre las neurosis ajenas, o sobre el desarrollo personal y trascendente, por muy psicólogo o terapeuta o gurú espiritual que sea. Me gustaría ver a un gurú de esos rodeado de niños pequeños, haciendo la comida, limpiando, lavando... a la vez que intenta satisfacer las necesidades de los niños con presencia, amor y respeto por su integridad emocional.
La maternidad y la crianza sacan de nosotras pues toda la maravilla que llevamos dentro. Toda la luz y todo la capacidad de amar que no sabíamos que teníamos. Y también las que no tenemos. Ninguna escuela, ninguna terapia, ninguna lectura, ninguna carrera, ningún taller de crecimiento personal.. tan potente como este.


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