Revista Salud y Bienestar

Los caminos del oso

Por Saludyotrascosasdecomer
Hubo años en que de estas montañas se extraía cada día carbón suficiente para llenar hasta los topes trescientos camiones que, como penitentes, emprendían camino hacia el sur. De tan llenos como iban, en las curvas del puerto unos cuantos tizones caían al asfalto. Con el carbón que la fuerza centrífuga robaba a los camiones se calentaban en invierno todas las casas del valle. Leo decía que la montaña es del pueblo y que el carbón, entonces, también lo es y que no tienen derecho a llevárselo todo y no dar nada a cambio. Pasamos veinte años pidíendolo y, al fin ya ves, hace tres meses inauguraron el túnel. Con el carbón que se llevaron todos estos años hubiéramos podido construir cincuenta túneles. Pero ya está bien. Por fin. Ahora tardamos veinte minutos en llegar a la capital, en lugar de cincuenta. Los ecologistas se opusieron cuanto pudieron porque decían que las obras del túnel cortarían los caminos naturales del oso. El peor de todos era Mariano. Decía que el túnel alteraba el ecosistema y gilipolleces así. Él no se lo ha contado a nadie, porque no quiere que se sepa, pero cuando el mes pasado se le disparó la escopeta y le llevaron al hospital con un tiro en el hombro, los médicos le dijeron que, si tarda cinco minutos más, se muere desangrado. Yo pienso que esos bichos son inteligentes. Yo vi una vez uno, pocos días después del letargo invernal. Y sé que encontrarán otros caminos. Ellos no necesitan túneles.

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