Revista Humor
Os traigo otro estudio, que sé que os gustan mucho. Tanto o más que a mí.
Hubo una mañana que unos investigadores decidieron probar que la gente que comía dulce, era más dulce. Vamos, más simpatiquillos. Lo probaron dándoles a unos azúcar y a otros no. Y claro, luego han explicado los resultados diciendo algunas cosas bastante extrañas, pero bueno también comentaban que es curioso cuando una persona es amable se le suele decir sweetheart -es que son americanos-, lo que ya indica predisposición a acharcarlo al dulce.
Que pasa, que este estudio solamente se puede aplicar en inglés por aquello de usar sweet no sólo para definir algún alimento, sino a una persona. De todas maneras yo no pierdo la esperanza y desde que leí el estudio me atiborro todos los días de caramelos y chucherías a ver si se me termina pegando algo. Porque son un pelín separatistas, a ver si ahora resulta que los demás no podemos ser sweethearts sólo porque no hablemos en inglés a todas horas.
De momento lo que he conseguido es tener que lavarme los dientes a conciencia y seguramente tenga que visitar más a menudo al dentista, por no hablar de los problemas de salud que me dará cuando lleve 20 años comiendo dulces.
Claro que otra opción es ponerme a usar la palabra de marras, a riesgo de que no me entienda nadie y me miren como si estuviera loca -menuda novedad, por otra parte-. O eso o lo pongo de moda entre la sociedad spanglish.
Ahora en serio, ¿qué es lo que hay que hacer para dedicarse a realizar estos estudios tan absurdos y vivir la vida padre mientras me como una bolsa de gominolas?
Hubo una mañana que unos investigadores decidieron probar que la gente que comía dulce, era más dulce. Vamos, más simpatiquillos. Lo probaron dándoles a unos azúcar y a otros no. Y claro, luego han explicado los resultados diciendo algunas cosas bastante extrañas, pero bueno también comentaban que es curioso cuando una persona es amable se le suele decir sweetheart -es que son americanos-, lo que ya indica predisposición a acharcarlo al dulce.
Que pasa, que este estudio solamente se puede aplicar en inglés por aquello de usar sweet no sólo para definir algún alimento, sino a una persona. De todas maneras yo no pierdo la esperanza y desde que leí el estudio me atiborro todos los días de caramelos y chucherías a ver si se me termina pegando algo. Porque son un pelín separatistas, a ver si ahora resulta que los demás no podemos ser sweethearts sólo porque no hablemos en inglés a todas horas.
De momento lo que he conseguido es tener que lavarme los dientes a conciencia y seguramente tenga que visitar más a menudo al dentista, por no hablar de los problemas de salud que me dará cuando lleve 20 años comiendo dulces.
Claro que otra opción es ponerme a usar la palabra de marras, a riesgo de que no me entienda nadie y me miren como si estuviera loca -menuda novedad, por otra parte-. O eso o lo pongo de moda entre la sociedad spanglish.
Ahora en serio, ¿qué es lo que hay que hacer para dedicarse a realizar estos estudios tan absurdos y vivir la vida padre mientras me como una bolsa de gominolas?
