Revista Opinión

Los Jemeres Verdes

Publicado el 05 diciembre 2009 por Crítica
Los Jemeres Verdes El siglo veinte será conocido a grandes rasgos en los siglos venideros por varias razones, la primera tal vez sea el gran desarrollo de las tecnologías relacionadas con la generación artificial energía, desde el motor diesel a las centrales nucleares.
Sin duda también será conocido el veinte por ser el siglo en el que el Hombre se separó del suelo y pudo actuar autónomamente en el éter, desde el despegue el avión de tela y madera de los Wright hasta los alunizajes de las naves Apollo.
En los aspectos sociales se le conocerá por el abandono masivo del campo y las concentraciones humanas en ciudades, algunas de ellas auténticas megalópolis de más de veinte millones de habitantes. La mejora de la calidad de vida del Ser Humano ha sido otro aspecto social destacable en le veinte: la mejora alimentaría por la mejor conservación de los alimentos, la aplicación de las tecnologías al campo, el desarrollo médico y farmacéutico.
En los aspectos políticos y religioso se estudiarán en los colegios el auge del ateismo y la sustitución de la creencia religiosa por la confianza en la Ciencia.
Los Jemeres VerdesEn lo político e ideológico, se conocerá por la lucha mundial entre el liberalismo, principalmente anglosajón y los totalitarismos nacidos en la Europa Continental y, desde luego, por la victoria global del primero. La ONU y las nuevas Olimpiadas serán las instituciones internacionales que mejor representarán al siglo veinte en los siglos venideros.
Esto es cómo ha sido. Ahora bien, el hecho de que sepamos como ha sido en el pasado, a nadie le asegura el conocimiento de cómo serán las cosas en este siglo; ni si los cambios mejoraran o empeorarán aquellas cosas que ya conocemos.
Lo que es cierto, es que a principios del siglo veintiuno la revolución energética se ha estancado totalmente. Hemos heredado las mismas fuentes de energía y no se ha aportado ninguna mejora sustancial en ciertas tecnologías que a finales del veinte se podía suponer como alternativas a las actuales: la fusión nuclear, la fusión fría, la superconducción y la revolución de los aislantes.
El domino del aire y el espacio también pasa por horas bajas: no se superan logros de mediados del siglo anterior, tales como el de llegar a la luna. En este sentido, avances de la aeronáutica esperanzadores como el de los vuelos comerciales hipersónicos han muerto junto con el Concorde, y no parecen poder alcanzarse a corto plazo.
Los Jemeres VerdesEn lo social asistimos al cambio de las grandes migraciones nacionales a unas nuevas migraciones internacionales e intercontinentales. Las megalópolis aumentan y requieren de nuevas soluciones energéticas y de infraestructuras para mantener una calidad de vida digna cada vez más cuestionada.
La sanidad en el mundo desarrollado sólo mejora a golpe de gasto público. Tampoco puede decirse que hayan grandes revoluciones médicas, ni nuevas vacunas o medicinas que realmente solucionen a corto plazo algunas de las pandemias y penurias de países pobres enteros, como sí paso en el siglo veinte con el DDT y la penicilina.
En lo político, el triunfo del liberalismo ha significado también el desgaste del propio liberalismo y la búsqueda de alternativas heterogéneas todavía por definir claramente, que sin romper con él sí son desviaciones notables.
El siglo veintiuno se inicia con muchas ventajas pero también con grandes retos y graves limitaciones; esto abre la puerta a que haya especulaciones y especuladores de todo tipo.
Lo más altisonantes, hoy en día, son los propagandistas del cambio climático; asimismo son los que más apoyos públicos tienen y son los mejor situados en las esferas del poder político y mediático.
Reducir la Teoría del Cambio climático a una mera cuestión ecologista es una simpleza cada vez más evidente. La teoría del cambio climático es una ideología global, con un fuerte componente político y económico, que pretende ser la solución a muchos de los retos de este siglo antes expuestos. Aunque es una ideología totalizadora lo cierto es que aparece desestructurada, abierta a diferentes interpretaciones que pueden ser más o menos radicales.
La Teoría del Cambio climático es básicamente científica pero no es Ciencia porque obvia el Método científico, y sólo se sustenta en la autoridad intelectual del científico y en su currículo. Los portavoces más cualificados usan la retórica científica para hacer proselitismo orientado a una opinión pública que es lega en materia científica pero que acepta esa "verdad" de una forma acrítica, lo que, a su vez, convierte a las masas en creadores de más “pensamiento científico” sobre el que sustentar nuevas hipótesis. Esto no es nada novedoso; en los años treinta la Ciencia racial era una de las más incontestables y respetadas ramas de la Antropología que gozaba de mucha simpatía popular. La Ciencia racial se alimentaba de esa popularidad y, a su vez, contaba con el patrocinio de los gobiernos de corte fascista de la época, para seguir desarrollandose en los ámbitos científicos y universitarios y devolverles el favor legitimando los regímenes racistas.
Al hilo de lo dicho, el feedback comunicativo entre élites científicas, pseudo-científicos y opinión pública es a su vez usado por partidos políticos que se presentan como concienciados defensores del Planeta, para postular soluciones propias más o menos radicales; en función de si se presentan como alternativa al Capitalismo, o si sólo pretenden aprovecharse electoralmente en los países democráticos. Tampoco son desdeñables los beneficios personales que muchos están consiguiendo de las corruptelas de los contratos enegéticos, los informes, los estudios y los puestos públicos creados a la sombra de esta corriente de pensamiento deletérea.
La teoría del Cambio climático surge como una desviación de la teorías ecologistas tradicionales. Las singularidades respecto a otras teorías ecologistas son que no está liderada por activistas del ecologismo, sino por científicos vagamente concienciados que actúan bajo el paraguas de respetables instituciones internacionales. Otra singularidad es que a diferencia del ecologismo tradicional que hacía foco en la polución humana como elemento destructivo a medio-largo plazo, los teóricos del cambio climático dicen haber encontrado el botón rojo de autodestrucción a corto plazo del plantea: el CO2 producido por el Hombre.
Sin haber actualmente una segunda revolución energética en marcha; sólo recurriendo a métodos sustitutivos carísimos e ineficaces que, encima, no incluyen a la energía nuclear; y que, además, son imposibles de costear para los países en vías de desarrollo; la gran aportación de los defensores del Cambio climático es la desindustrialización en nombre de la supuesta salvación del Planeta.
En un mundo de 6000 millones de habitantes, con miles de ciudades de cerca de un millón de habitantes, el coste de penalizar económicamente la energía y la consiguiente desindustrialización, sería el de devolver al campo a millones de personas. Ese camino de no retorno, no conduciría a un campo verde y bucólico, sino que significaría lanzar a millones de desgraciados como una plaga de langosta a un mundo esquilmado por la necesidad, arruinado e improductivo para siempre. Algo parecido a como se despoblaron las ciudades del Imperio romano de Occidente lo que condujo a la llegada de la Edad Media y al feudalismo que luego duró más de 1000 años.
Precisamente es la más profunda misantropía lo único que se desprende de todo el pensamiento de los apologetas y prosélitos del cambio climático. Detrás de la bucólica idea de un planeta verde, sostenible e idílico, subyace la idea, inexpresada pero latente, de que en el mundo sobra la mitad de la Humanidad. Naturalmente para estos cínicos la que sobra siempre es "la otra” mitad. Lo más paradógico es que este pensamiento, enemigo del Género humano, provenga precisamente de autoridades auspiciadas por la ONU como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
Los Jemeres VerdesSiguiendo la mentalidad totalitaria que anima a estos jemeres verdes podemos imaginar que antes de llegar a la destrucción de la Naturaleza que previamente tanto han defendido tendrán soluciones alternativas como Kampucheas ecológicas de tamaño continental que dejen a los campos nazis y a los gulags de Siberia a la altura de parques de bolas.
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En el arte de materializar infiernos en la Tierra, para algunos, el cielo es el límite.

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