Compro en una tienda local que me trae el pedido a domicilio. Me gusta porque trabajan con producto de kilómetro cero, todo es muy fresco y el trato es magnífico, pero… tengo un problema con los puerros.
Cuando pido un manojo de zanahorias, me traen un ramillete con varias zanahorias. Pero cuando pido un manojo de puerros, me ponen un puerro. Un único y solitario puerro, que convive con los manojos de zanahorias, de espárragos trigueros y de ajos tiernos. Para hacer una buena vichyssoise necesito más de uno, así que ahora pido por unidades.
Ayer me llamaron de la tienda: «¿Estás segura de que quieres doce puerros?». La chica parecía sorprendida. «Sí, sí, doce», le dije. Pedirlos por unidades era la solución, ¿no?
Hoy ha llegado el pedido. Doce puerros… gigantes. Ahora entiendo su sorpresa: yo había calculado la cantidad por el tamaño de los últimos, que eran finitos.
Los cocinaré de diferentes formas y, en el próximo pedido, especificaré el tamaño: si son grandes, seis; si son finitos, doce. Un manojo personalizado…
