Y seguimos comiendo en la terraza, seguimos yendo a la playa, seguimos bañándonos en la piscina, seguimos en manga corta. Seguimos en un estío extraño que ya no toca. Ha llovido, sí, pero sigue el calor. Tormenta de verano…
Lejos quedan los jerséis de punto que estrenaba en otoño. De pequeña me los hacía mi abuela: gruesos, de lana que picaba un poco, y los estrenaba el primer día de frío como quien estrena un tesoro. Ahora acumulo los que he ido comprando cada año, demasiado gruesos para estos otoños que de otoño ya tienen poco.
Supongo que ahora mi abuela me haría una pamela de ganchillo para protegerme del sol…
