Revista En Femenino

Los seres humanos somos únicos y originales

Por Maternarte
Como mamá, voy aprendiendo todos los días. Trato lo más que puedo de hacer una crianza consciente, respetuosa de mi hijo. No es fácil, antes lo era menos. Porque cuando mi hijo nació, no sé si era que fuera primeriza o estaba muy desinformada (o las dos cosas) los "ruidos" de las opiniones de los demás me confundían mucho. De a poco, trataba de ir haciendo lo que a mí me parecía mejor ("escuchar el instinto", le dicen algunos, yo digo "escuchar al corazón") para mi hijo, a pesar de las críticas.
Luego, leí a Laura Gutman en "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", que, sin ánimos de exagerar, me cambió la vida. Porque ví que no estaba tan errada en lo que quería hacer, sino que simplemente hay distintas maneras de hacerlo, y pasa que a veces las personas no respetan las diferencias. Y tomar consciencia de la propia sombra fue fundamental. Tomarme el trabajo de decir "cuál o cuáles son mis sombras?", y empezar a verlas, fue fundamental.
Y muy enseguida, comenzar mi blog. Nunca me imaginé todo lo que encontraría al empezar mi blog. Comencé con la idea de compartir información, para que otras mamás "no pasaran lo mismo que yo" (aunque cada una tiene que pasar lo que tiene que pasar, cosas de la vida). Y más que escribiendo, me encontré "devorando" (leyendo con avidez) otros blogs. No podía creer que hubiera tantas mamás como yo queriendo hacer algo diferente, atravesando cosas parecidas a las mías en cuanto a maternidad, etc.
Todo esto comenzó a relajarme un poco más como mamá. Porque, con información, fui aprendiendo que cada mamá es diferente, hace lo que puede, y lo importante es que escuchemos a nuestro corazón, porque si cuidamos, educamos, criamos a nuestros hijos con amor, seguro cometeremos errores, pero no serán de los "peores".
Relato todo esto porque ya de hace un tiempo, cuando tu hijo comienza a caminar y andar de manera más independiente, empieza a mostrar mucho más su personalidad. Personalmente, me pasa que mi hijo nunca caminó, él corrió desde el principio, y enseguida, trepó y escaló. Y toca todo lo que esté a su alcance. Y, sola como estuve mucho tiempo, no fue fácil. Y vos mirás que hay otros nenes que por ahí son más "tranquilos" o "quietos" y no sabés muy bien qué hacer, si es que tenés que hacer algo.
Algo de genético trae, porque el papá muy jocoso dice "jaja mis hermanos y yo éramos así de inquietos cuando éramos chicos". Y como mamá, yo sé que Nico es muy cinestésico, muy corporal, él conoce algo nuevo y necesita tocarlo y, de acuerdo a lo que sea, treparse a ello, sentirlo con el cuerpo.
Entonces, hace ya un tiempo, trato (no sé si es lo "correcto" y no sé cómo me "saldrá") de buscar un equilibrio entre lo que él es y lo que se puede, en una sociedad en la que hay que adaptarse, nos guste o no. Sé que no puedo pretender que Nico se quede quietito, sentadito y callado, pero a veces me pongo a pensar en el sistema educativo, cuando tenga que ingresar a la escuela, y no puedo evitar pensar qué pasará entonces. Por supuesto, falta bastante, él entenderá mejor (espero) que hay momentos en que hay que sentarse y quedarse quieto, copiar de la pizarra cuando la maestra indique, en los tiempos que la maestra indique, bueno, todas las cosas que hay que hacer en la escuela...
Y no puedo evitar recordar cuando leí (hace muchos años) el libro "La tercera ola", de Alvin Toffler, donde relata que el actual sistema educativo todavía está estructurado en la "segunda ola", la era industrial, donde en la escuela el objetivo era que los niños aprendieran desde chiquitos a respetar cuando suena el timbre, y todos deben hacer lo mismo, seguir a la maestra, copiar en los tiempos que indica ésta, etc. En la "segunda ola", el objetivo del sistema educativo era entrenar a los niños para que luego fueran a las fábricas y ya estuvieran adiestrados a seguir tiempos estructurados.
La cuestión es que estamos viviendo otra época, muy diferente. Los chicos suelen entrar a la escuela ya sabiendo leer y manejando las computadoras y celulares mejor que sus maestras. Mi sobrino, por ejemplo, aprendió a leer con un programa "Pipo" en la computadora, y ahora en su primer grado de escuela tiene que copiar de un pizarrón escrito con tiza. Se ha adaptado bien, en principio, pero la realidad de la escuela es muy diferente a la realidad de "la realidad".
Todo esto también surge porque leo y escucho por todos lados sobre "etiquetas": los niños índigo, cristal, o los niños hiperactivos... ¿y qué es todo eso en realidad? No hay nada "demostrado científicamente", y diagnosticar es muy difícil. Porque un niño no es solamente un niño, es un ser humano inmerso en una familia, que luego ingresa a una escuela (que más allá que tienen en común el sistema educativo legal, tienen diferencias en su "filosofía de la educación"), inmersos en una sociedad y una cultura.
Además, una vez escuchaba a una psicopedagoga de mi ciudad (muy reconocida) que decía que muchas veces catalogan con problemas de conducta a niños porque hablan mucho o son muy inquietos en clase. Y ella misma decía "¿qué se puede esperar de niños que muchas veces están muchas horas solos en sus casas, con la televisión prendida, sin nadie con quien hablar, sin poder salir a la calle solos por la inseguridad? Bueno, estos niños luego van a la escuela, su único lugar de interacción social, y lógicamente quieren jugar y hablar con alguien".
Y nosotras, cibermamis que compartimos información sobre la crianza con apego y hemos leído libros de Laura Gutman, por ejemplo, también sabemos que muchas veces lo que nuestros hijos hacen es un reflejo de "nuestra propia sombra". Entonces, si un niño tiene un "problema", si físicamente "no tiene nada", tenemos que ver en primer lugar qué está reflejando el niño de nosotras, mamá, o de la familia. Y también tendremos que ver si, en realidad, no es un problema de los demás. Porque si la gente o la sociedad quiere ver niños quietitos, sentaditos, sumisos y calladitos...
Entonces, si nuestro niño "tiene un problema"... habrá que abrir bien los ojos, el corazón, la mente. Vislumbrar qué es lo que le pasa, para poder ver el origen del "problema", y poder ayudarlo a realmente sobrepasarlo. No permitamos que a la primera oportunidad "etiqueten" a nuestros niños ni nos ahogemos en esas etiquetas. Abramos los ojos, el corazón, la mente, y miremos (con todo lo que significa esa palabra) a nuestros hijos. Somos sus mamás, quienes más los conocemos, y las únicas que de verdad lo podemos ayudar. Está en nuestras manos!

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