Revista Cultura y Ocio

Los últimos metros

Por Alaurenza
A esta altura del año llego, como tantos otros, arrodillado de cansancio, arañando la tierra, intentando mantener la cabeza en alto para alcanzar la línea implacable del fin de carrera.
Lo que me ayuda definitivamente a sobrellevarlo, lo que me motiva como una luz brillante aunque lejana en medio de una lluvia de invierno, es la visualización de las tan ansiadas vacaciones. Pero en este nuevo año que comienza a insinuarse no habrá tal cosa. Las decisiones que fuimos tomando (la necesidad de ampliar la casa de una vez por todas, y algunas otras de tinte económico y familiar) nos lo impiden. Y se hace duro entonces.
Decirlo o escribirlo sirve apenas como descarga, lo sé. Lo que debo encontrar es un reemplazo: una motivación distinta y real que exceda las obligaciones autoimpuestas, que vaya más allá de lo que la cabeza dicta, y me devuelva la alegría suave y desprevenida en el quehacer cotidiano.
Mientras tanto escribo, y me susurro bajito: paciencia, flaco o pibe (aunque ya no sea literalmente lo uno ni lo otro), pronto vendrán tiempos mejores.

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