No me gustan los webinars ni los formatos poco conversacionales como son las conferencias o «píldoras». Creo que tanto la ciencia como la experiencia demuestran que para aprender necesitamos la cocina a fuego lento, elevar la consciencia desde los cimientos o desplegar la escucha empática, entre otros ingredientes difíciles de encontrar en el fast food. Además, ser «facilitador» exige poner el foco en el otro y sé que ese es el terreno en el que mejor me desenvuelvo. Pero también es cierto que siempre hay que explorar y tratar -como se dice ahora- de ampliar la zona de confort.
Sea como fuere, aquí tienes un webinar sobre liderazgo que realicé el otro día gracias al impulso y apoyo de Terese García, de Euskalit. Nos plantemos el objetivo de poner en evidencia la brecha entre el liderazgo del que hablamos y el que realmente se ejerce en las organizaciones, y ofrecer algunas pautas prácticas para avanzar hacia un liderazgo auténtico, coherente y eficaz en el día a día. Pero muy modestamente… ¡en menos de una hora!
Por si te interesa, para que te hagas una idea, el esquema es más o menos el siguiente:
- El liderazgo como palabra desgastada
- La brecha entre lo que se dice y lo que se hace
- Incoherencias habituales que erosionan confianza, compromiso y resultados.
- El liderazgo que se practica
- Liderar como conjunto de comportamientos observables y coherentes.
- Pautas para empezar a cambiar la práctica, no el discurso.
- El papel de RRHH en sostener este cambio:
- De promotores de modelos a impulsores de comportamientos.
Personalmente, lo que me pareció más interesante fueron las aportaciones de los participantes a la pregunta de qué obstáculos externos o internos hacían difícil que aflorara todo su potencial en el día a día de sus organizaciones. Y esto es lo que salió:
- No priorizo adecuadamente ni bien
- Falta de continuidad en los proyectos
- Procrastinación
- Falta de reuniones de coordinación del equipo
- Falta de un foco claro
- Estar todo el día en la acción y muy poco en el pensamiento, en la estrategia
- Entorno divergente con el objetivo, posiblemente por cierto temor profesional de terceras personas, que tienden a ralentizar las evoluciones.
- Las funciones asignadas no son las que mejor se ajustan a tus competencias o potencial
- Nos adaptamos a la cultura de la organización
- Falta de coherencias: decir una cosa y tras otra reunión paralela hacer otra cosa distinta a la acordada
- Falta de una planificación clara y priorizada
- Falta de autonomía, recibir mensajes contradictorios, estar sumergidos en el día a día sin seguir y desplegar adecuadamente la estrategia…
- Muchos frentes abiertos
- No entender el sentido
- Consecuencias negativas de hacer bien el trabajo
- Faltas de respeto, formas incorrectas, falta de empatía
- Envíos de correo para evitar el cara a cara
- No preparación de reuniones
- Presión y falta de consciencia de equipo
En fin, que aunque la teoría esté clara, la realidad frecuentemente mira para otro lado. Andamos distraídos.
