
Todo el tiempo que la realidad ha dejado vacante lo ocupo con ficción: literatura, cine, series, música. Todo lo que me haga acercarme sin meterme en el mundo. Que me haga preocuparme sobre temas trascendentales de los que sólo te ocupas cuando tienes el estomago lleno y la luz pagada. Esos "grandes asuntos" de la humanidad que reflejan tan bien los escritores contemporáneos: la soledad del ser humano, la soledad vital, el decadente viaje que ha emprendido nuestra sociedad; la familia, sus relaciones, la influencia que tiene en nosotros y cómo nos acompaña; el abandono de nuestros valores. Todos estos asuntos son temas que generan renglones y renglones de reflexión y análisis a través de una familia americana, por ejemplo, o de un médico afgano instalado en Los Ángeles. Temas que rascan horas a tu sueño leyendo un libro o debatiendo una película, temas que no tienen sitio cuando no puedes encender la calefacción ni pagar la bombona de butano. Por eso deseo que todos, todos, pudiésemos preocuparnos de los grandes asuntos y nos acercásemos a una librería pidiendo más ficción por favor.
