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Más ideas, más fácilmente

Por Lorena White @lorenagwhite

Las ideas son escurridizas. Las tienes, pero si no te esfuerzas en recordarlas, ceden su sitio en tu cabeza a cosas más importantes e inmediatas. Son un poco traicioneras, porque parecen muy grandes, muy geniales cuando las tienes en tu cabeza y después, sobre el papel, no son lo que parecían. Las ideas son inoportunas: no llegan cuando te sientas a escribir (en el caso de que, por ejemplo, seas escritor o tengas tu propio blog), llegan cuando estás en la ducha, cuando estás a punto de dormir y sobre todo, llegan cuando estás muy ocupado y no tienes tiempo para detenerte a darles forma. Las ideas son así. Tú crees que te pertenecen porque se te ocurren, aparecen en tu cabeza, pero en realidad, se pertenecen a sí mismas. Domarlas, dominarlas y convencerlas de que se queden para poder desarrollarlas, es de las cosas más complicadas que existen.

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“El mejor camino para tener ideas, es tener muchísimas ideas” Linus Pauling

La semana pasada estuve (de nuevo) ausente de este blog. Ahora que estoy mucho más ocupada que antes y que mis días se pasan volando, es cuando me surgen ideas para escribir, pero no tengo tiempo de hacerlo. ¿Qué puede hacerse en una situación así entonces? Lo mejor es anotar cada idea, sea o no brillante, que se te ocurra. Y luego, cuando el ritmo frenético del día a día te dé un respiro, toca sentarse a analizarlas, a estructurarlas y a darles formas.

Precísamente una idea que se me ocurrió en un trayecto en tren fue escribir sobre las ideas. Porque la falta de ideas suele ser muy frustrante, pero no lo es más que tener ideas y no desarrollarlas. Así que hoy te traigo algunas claves para mantener el nivel de inspiración alto y domar más fácilmente esas ideas revoltosas que van y vienen:

1. Distracción:

Cuesta creer que una de las claves para intentar concentrarte en tus ideas, sea precisamente distraerte. Pero es que muchas veces pasa que estamos tan obcecados con el hecho de no tener ninguna idea, que no podemos dejar de pensar en otra cosa. Y entonces nos bloqueamos y ya sí que la productividad del día no tiene ninguna salvación. Es mejor hacer otras cosas, distraerte y mantenerte ocupado, así dejas el camino libre de pensamientos negativos y bloqueo. Así tu mente fluye como tiene que fluir: de manera natural, sin forzarla lo más mínimo.

2. Apunta, apunta y vuelve a apuntar:

Tengo cuadernos empezados llenos de apuntes que, probablemente, hoy no carezcan de sentido para mí. Sin embargo, los tengo porque siempre los he llevado encima. Hay ideas, frases, hechos, fechas, contraseñas, recordatorios, citas célebres, títulos de libros, diálogos de películas, tareas… Nunca he sido buena teniendo un cuaderno para una misma cosa y, aunque le ponía mucha intención, todos terminan escritos por todos sitos con anotaciones desordenadas e inconexas.

Pero, aunque creas que esto no puede ser más contraproducente, en realidad es bueno porque, de vez en cuando, me pongo a repasar cuadernos que empezaron siendo SÓLO para una cosa y que terminaron siendo un batiburrillo de mil cosas. Y veo posts que se me ocurrieron en su día y que no llegué a escribir, o se me ocurren cosas que escribir acerca de la productividad cuando me encuentro una lista de tareas completa o me da por investigar sobre la razón por la que hacemos dibujos y rayajos mientras hablamos por teléfono o en una reunión. Y de ese cajón desastre, surgen ideas nuevas.

¿Por qué? Porque en su día llevaba ese cuaderno a mano y anoté todo aquello.

NOTA: A veces utilizo el móvil para apuntar ideas de estas que surgen cuando nadie las espera, pero sin duda, el método analógico de libreta y boli siempre ha sido más eficaz.

3. Tormenta de ideas:

Antes de escribir sobre casi cualquier cosa me hago con un papel y un boli y empiezo a apuntar todo lo que sé sobre ese tema, lo que han dicho otros, lo que saben los demás… Investigo, leo, releo, repaso y voy anotando todas aquellas cosas que me inspiran, que me van a ayudar a darle forma a mi idea. Esta técnica (aunque realizada en grupo es mucho más divertida) se llama brainstorming o tormenta de ideas y te ayudará, en más de una ocasión, a desbloquearte. Al final sólo tienes que elegir un tema y empezar a escribir todo lo que se te ocurra sobre él. Después, tendrás que buscar toda la información y datos posible y por último, toca sacar algo en claro de todo eso. Crémee: si lo has hecho bien, no te costará nada.

4. Deja de darle vueltas:

Puede que esa idea que se te ocurrió hace tiempo y con la que te mantienes ocupado la mayor parte de tu tiempo, pero a la que no hay manera de darle forma, no sea la idea adecuada. Tienes que aprender a saltar de idea en idea y sobre todo, a dejar ir aquellas que, por lo que sea, no tienen razón de ser, por mucho que parecieran brillantes en un primer momento. Tu tiempo es limitado y tienes que aprovecharlo procurando conseguir la máxima productividad. Deja ir las cosas que no tienen que ser. Quizá, dentro de un tiempo, le encuentres todo el sentido, pero mientras, emplea tu tiempo en cosas útiles.

5. Organízate:

Sé que este punto, después del número 2 en el que el caos campa a sus anchas por mis cuadernos, no tiene mucho sentido, pero en realidad sí que lo tiene. Una vez que comienzas a desarrollar tu idea, debes organizarte bien. Haz esquemas, mapas mentales o estructuras fáciles de cómo vas a desarrollar la idea y de cómo vas a darle forma. Es importantísimo que te organices: tardarás menos tiempo en desarrollar tus ideas, lo harás de forma más fácil (evitando quemarte) y al final, si encuentras un sistema de organización bueno, seguro que tu nivel de productividad, para casi cualquier ámbito de tu vida, mejorará.


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