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Merlina Marples estaba muy nerviosa. Hoy debía presentar el examen oral en la escuela de formación de investigadores privados. Lo que más la intimidaba era, precisamente, la persona que aplicaría la prueba: nada más y nada menos que la venerable Madame Ada Escualor. De ella se decía que, en su juventud, había sido una detective muy respetada y eficiente, capaz de resolver los casos más complejos.
