
Cuando nuestros hijos quieren algo, rápidamente pondrán en marcha cualquier estrategia que les permita conseguirlo. Por ejemplo, si a nuestro hijo se le antoja un muñeco que ve al pasar por un escaparate y no para de llorar hasta que se lo compramos, su conducta se verá reforzada positivamente, de forma que ante la misma u otras situaciones parecidas hará lo mismo para conseguir lo que desea.
En nuestro caso, el de los padres, seguramente no tardaríamos en comprárselo ante lo bochornoso de la situación. Así, nuestra conducta ser vería reforzada negativamente, pues contribuye a eliminar el malestar que sentimos.
Esta situación es un claro ejemplo de lo que en psicología se denomina “trampa del reforzamiento negativo”, pues parece que ambos salimos ganando (padres e hijos), pero lo único que conseguimos es que nuestro hijo consiga siempre lo que quiera.
Ahora que entendemos como funciona, es importante que logremos establecer ciertas normas, de forma que nuestro hijo sepa que para conseguir algo, ha de poner de su parte y cumplir con sus obligaciones (estudiar, recoger su habitación, etc) para así poder conseguir poco a poco las cosas que le gustan (ver su película favorita, un juguete, etc.)
Así daremos un gran paso hacia algo tan difícil y que a todos nos gustaría: ser mejores padres.
