Revista Cine

Mi último suspiro (1982), de luis buñuel. memorias de un cineasta.

Publicado el 22 diciembre 2012 por Miguelmalaga
MI ÚLTIMO SUSPIRO (1982), DE LUIS BUÑUEL. MEMORIAS DE UN CINEASTA.
Hasta hace poco tiempo tenía dudas acerca de la identidad de mi director de cine favorito de todos los tiempos. No me daba cuenta de que siempre ha sido Luis Buñuel, aquel a cuyas películas siempre vuelvo, cuyas imágenes entablan un permanente diálogo con el espectador, a veces delirante y otras mucho más lúcido de lo que parece en un primer visionado.
En realidad Mi último suspiro no es un libro de memorias al uso. Se trata de una conversación del cineasta, ya octogenario, con su amigo Jean-Claude Carrière que este último transcribe en forma de libro. Esta espontaneidad nos muestra al Buñuel más auténtico, el que no siente reparos en hablar de sí mismo aún de los asuntos más íntimos. Leyendo los episodios de la vida de Buñuel, siento un poco de envidia, ya que el genio de Calanda tuvo la suerte de estar casi siempre en el lugar adecuado en el momento justo, empezando por su afortunada llegada a la Residencia de Estudiantes, donde gozó del privilegio de tratar como amigos a dos genios como Dalí y García Lorca, a quien retrata con estas hermosas palabras: "Brillante, simpático, con evidente propensión a la elegancia, la mirada oscura y brillante, Federico tenía un atractivo, un magnetismo al que nadie podía resistirse." En una ocasión, en las fiestas de san Antonio en Madrid, Lorca le improvisó esta poesía que le escribió en el dorso de una foto:

"La primera verbena que Dios envía
Es la de San Antonio de la Florida
Luis: en el encanto de la madrugada
Canta mi amistad siempre florecida,
la luna grande luce y rueda
por las altas nubes tranquilas,
mi corazón luce y rueda
en la noche verde y amarilla,
Luis, mi amistad apasionada
hace una trenza con la brisa.
El niño toca el pianillo
triste, sin una sonrisa,
bajo los arcos de papel
estrecho tu mano amiga."
Buñuel, ayudado siempre que lo necesitaba por la fortuna familiar, nunca perdió su bien más preciado: su independencia. Los postulados surrealistas de los que se empapó durante su estancia en París nunca le abandonaron del todo, lo cual no quiere decir que no se muestre a veces como un hombre con ciertas costumbres burguesas derivadas del inmenso éxito cosechado en su oficio. Él mismo declara ser una persona de gustos fijos, a la que le gusta volver a los mismos lugares y conservar las rutinas, como el acostarse y levantarse temprano y acabar las películas en los plazos fijados. Su amor por el cine fue algo casi instantáneo, pues intuyó enseguida las posibilidades de un nuevo medio y comenzó su relación con él con la concepción de dos obras maestras del cine surrealista nunca superadas: Un perro andaluz y La edad de oro. Cierto es que ambas produjeron un gran escándalo en la época (algo muy valorado en el movimiento en el que militaba) y no le ayudaron demasiado en su carrera cinematográfica, ya que él era un heterodoxo, alguien que constatemente buscaba lenguajes nuevos para expresar un discurso tildado por muchos como revolucionario y escandaloso. Antes de poder triunfar plenamente como director, Buñuel fue productor en el Madrid de la Segunda República, donde también vivió el comienzo de la Guerra Civil. Honra a su persona que diera la cara para salvar la vida de José Luis Saenz de Heredia, que a la postre terminaría siendo uno de los cineastas más reconocidos por el franquismo.
En Mi último suspiro, podemos encontrar pistas diversas de la relación de amor de Buñuel con el medio cinematográfico:
"Creo que el cine ejerce cierto poder hipnótico en el espectador. No hay más que mirar a la gente cuando sale a la calle, después de ver una película: callados, cabizbajos, ausentes. El público de teatro, de toros o de deporte, muestra mucha más energía y animación. La hipnosis cinematográfica, ligera e imperceptible, se debe sin duda, en primer lugar, a la oscuridad de la sala, pero también al cambio de planos y de luz y a los movimientos de la cámara, que debilitan el sentido crítico del espectador y ejercen sobre él una especie de fascinación y hasta de violación."
"Se puede discutir el contenido de una pelicula, su estética (si la tiene), su estilo, su tendencia moral. Pero nunca debe aburrir."

Encuentro en el libro otras curiosidades que no conocía: posibilidades que estuvieron ahí y no se materializaron por las circunstancias o el azar. Buñuel pretendió dirigir películas basadas en dos de mis libros favoritos, en la que finalmente trabajaron otros realizadores: El señor de las moscas y Johnny cogió su fúsil. Además, el cineasta fue la primera opción barajada por Woody Allen para la famosa escena de la cola del cine (finalmente protagonizada por Marshall McLuhan) en Annie Hall

Un Luis Buñuel de ochenta años se nos muestra en estas páginas como un apasionado por la vida, como uno de los grandes protagonistas del siglo XX, un iconoclasta que fue amigo de otros genios, que trató a grandes personalidades de la cultura y que ha sido mucho más admirado que denostado. Especialmente emocionante es el abrazo que le dio Alfred Hitchcock, que admiraba profundamente su cine, en la cena a la que acudió en Hollywood junto a William Wyler, John Ford, Georges Stevens, Ruben Mamoulian, Robert Wise y Billy Wilder en casa de George Cukor.

Un libro repleto de anécdotas y reflexiones, imprescincible para los amantes del cine, del que me quedo con esta frase, enormemente lúcida:

"Para llegar a toda belleza, tres condiciones me parecen siempre necesarias: esperanza, lucha y conquista."

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