Revista Cultura y Ocio

"Mientras escribo". Stephen King descubre sus procedimientos de escritura

Publicado el 19 marzo 2019 por Juancarlos53

"Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que haces, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya. Ser feliz".

Este libro se comenzó a escribir en 1997 [" Me llamo Stephen King, y escribo el primer borrador de este texto en mi mesa de trabajo (la que está puesta donde baja el techo) una mañana de nieve de diciembre de 1997 ", p. 80] aunque por vicisitudes que King explica en su interior lo abandonó en varias ocasiones. Cuando en 1999 el novelista fue arrollado por un vehículo mientras hacía footing y estuvo a un tris de no contarlo decidió, durante el largo período de rehabilitación, retomarlo y darlo a la imprenta al año siguiente. En ese momento el escritor había sacado ya a la luz unas 35 obras y estaba encumbrado en lo más alto de escritores autores de novelas de terror, suspense y fantasía supranormal.

He leído este libro sobre el oficio de escribir a raíz de la satisfacción que hace nada me produjo "Carrie", su primera novela, publicada con éxito arrollador [la reseña que hice sobre esta novela se puede leer ]. También debo decir que la recomendación que del mismo me hicieron Conxita Casamitjana del blog " Enredando con las letras" y David Rubio Sánchez del blog " Relatos en su tinta" han hecho que anticipase su lectura (¡gracias, amigos!). Es precisamente del antes, el durante y el después de "Carrie" que versa este breve tratado sobre su manera de abordar la escritura.

Hay en él mucho de su propia peripecia vital: sus orígenes familiares; ese padre ausente que apenas si llegó Steve a conocer; esa madre esforzada que lo sacó adelante ayudada por hermanas y cuñados; el instituto y cómo la manera de abordar sus escritos escolares llamó la atención de los profesores; el fichaje para la revista escolar; el salto al periódico deportivo de la localidad; los sucesivos rechazos que sus relatos recibían de las editoriales; la Guerra de Vietnam; sus trabajos diversos para contribuir al esfuerzo que su madre hacía para enviarle a la universidad de Maine; los relatos que enviaba a revistas populares y picantes que normalmente le eran devueltos; el primero que le publicaron y le pagaron; el descubrimiento de la que sería su mujer, [...] Tabitha, en la biblioteca de la Universidad de Maine (" Una chica delgada de risa escandalosa, pelo teñido de rojo y unas piernas de impresión, perfectamente a la vista gracias a una minifalda amarilla. Se llamaba Tabitha Spruce. Nos casamos al año y medio. Seguimos juntos.", p. 44); su trabajo como profesor de lengua en colegios e institutos que a punto estuvo de hacerle abandonar definitivamente la escritura; qué elementos de la vida real le sirvieron de inspiración para "Carrie"; cómo decidió arrojar a la papelera los folios en que había escrito la historia de Carrie White, una chica rara con facultades telequinésicas; cómo Tabitha, su mujer pero también su fiel lectora y consejera, le dijo que finalizase esa historia y la enviase a la editorial 'Doubleday'; cómo la editorial aceptó la obra, le dio un adelanto sustancial de dinero y cómo a partir de ese momento todo cambió.


Si lo anterior hace referencia al nacimiento del escritor de éxito, no puedo por menos de señalar otras notas biográficas que desconocía por completo y que me parecen de mucho interés. En primer lugar estaría que a raíz del éxito de"Carrie", King pudo contribuir a sufragar los gastos que la enfermedad de su madre estaba ocasionando a la familia. Pero lo que más me ha impresionado de esta etapa del escritor de éxito que todos los años publicaba otra obra -a veces dos o más- de igual o mayor relevancia ("El resplandor"y "Rabia" en 1977, "La larga marcha" y "La zona muerta" en 1979...) es su caída en el alcoholismo. Es interesantísima esta parte de la obra en la que el autor cuenta que durante bastantes años se engañaba a sí mismo como un imbécil (" Los alcohólicos erigen defensas como diques los holandeses. Yo me pasé los primeros doce años de mi vida matrimonial diciéndome que "sólo me gustaba beber" ", pág. 74) y también cómo con mucho esfuerzo logró abandonar la adicción al alcohol y a otras drogas en las que cayó y salvarse él, su matrimonio e hijos... todo.

Tras estos muy interesantes datos biográficos, "Mientras escribo" pasa a hablar ya más concretamente de aquello que promete su título, o sea, de escribir. En este extenso apartado Stephen King hace un recorrido por todo el campo de la escritura y su resultado: los libros. Cuenta aspectos secundarios al propio acto de escribir cuales son que siempre escribe oyendo música (" ponía a Fats Domino, y ahora a Bob Dylan y los Dave Clark Five ", p. 69), el escritorio en el que trabaja, y la necesaria rutina empleada para logar sacar los producos que crea y el mercado espera de él:

"En mi caso el horario está bastante claro. Dedico las mañanas a lo nuevo, la novela o cuento que tenga entre manos, y las tardes a la siesta y la correspondencia. La noche pertenece a la lectura y la familia, a los partidos televisados de los Red Sox y a las revisiones más urgentes. Por lo general, la escritura se concentra en las mañanas. " (p. 116)

La caja de herramientas
Stephen King no comulga con la romántica imagen del escritor que recibe la visita de las musas que le inspiran obras maestras que él tan sólo transcribe. No, para nada. En la escritura, como en cualquier otro oficio es preciso tener una buena caja de herramientas con diversos niveles o cajones. En el primero es donde están vocabulario y . Incide King sobre todo en la necesidad de evitar adverbios y lo que él llama esferoides verbales -, " en referencia a Tom Swift, el valiente héroe-inventor que protagonizó una serie de novelas de aventuras escritas por Victor Appleton II " (pág. 97)-, es decir, esos sustitutos de la forma 'dijo' del estilo 'graznó', 'espetó'... y otros de este jaez.

Nivel esencial en un escrito es el : " Yo soy del parecer de que la unidad básica de la escritura es el párrafo, no la frase " (pág. 104). Párrafos extensísimos acobardan al lector más entusiasta al igual que las frases muy largas. Pero esto no siempre es una regla que funcione pues a él mismo prefiriendo la sencillez y la frase breve, no engolada, sin embargo "Los puentes de Madison" de Robert James Waller no le gusta por el exceso de brevedad en la frase; por el contrario a veces el exceso de longitud es bueno y el lector se disgusta cuando observa que la larga historia que está leyendo se acaba como así lo sienten " Los lectores de 'Lo que el viento se llevó', de Margaret Mitchell, o de 'Casa desolada', de Charles Dickens " ( pág. 105) .

¿Por qué sucede lo anterior? Pues simplemente porque en esta caja de herramientas no se puede obviar el nivel del (imágenes frescas y vocabulario sencillo) que es lo que distingue las obras buenas de otras que no lo son tanto. Y en esta diferenciación que se da incluso dentro de la producción de un mismo autor no se puede obviar que además de la carpintería, de las palabras, del estilo personal... hay que " tener presente que también hablamos de magia " (pág. 106)

"mis primeros maestros fueron Chandler, Hammett y Ross MacDonald, y es posible que mi respeto por la fuerza del lenguaje descriptivo compacto aumentara al leer a T. S. Eliot y W. C. Williams (como en 'La carretilla roja', con su contraste entre ésta y las gallinas blancas)." (p. 140).

Metido ya en la harina de la propia escritura, el novelista afirma que son tres los elementos que integran una narración : " A mi modo de ver, todos los relatos y novelas constan de tres partes: la narración, que hace que se mueva la historia de A a B y por último hasta Z, la descripción, que genera una realidad sensorial para el lector, y el diálogo, que da vida a los personajes a través de sus voces. " (p. 125)
Tras esta afirmación King se muestra contrario al 'esquema argumental' : " Para mi, el esquema argumental es el último recurso del escritor, y la opción preferente del bobo." (p.126). Lo que no quita para que entre su extensísima producción catalogue algunas de sus propias novelas dentro de las de esquema argumental aunque en su opinión no destacan entre las mejores ("'Insomnia' y 'El retrato de Rose Madder' no destacan por su calidad", pág. 131). A él le gusta más que sus narraciones planteen situaciones que según vaya avanzando la escritura de la novela evolucionarán en un sentido o en otro. Así escribió "Carrie", planteando la situación de una chica a la que le viene su primera menstruación en unas duchas colectivas ante el resto de compañeras.

"'El juego de Gerald' y 'La chica que amaba a Tom Gordon' son otras dos novelas de situación pura. Si 'Misery' son "dos personajes en una casa", 'El juego de Gerald' es "mujer en un dormitorio", y 'La chica que amaba a Tom Gordon', "niña perdida en el bosque" [...] De mis novelas sobre argumento, la única que me gusta es 'La zona muerta' (y es de justicia añadir que muchísimo). " (p. 131).

A veces en esta clasificación que realiza de su propia producción aflora el : " resulta que sí, que has escrito una porquería (y, como autor de 'La rebelión de las máquinas', estoy autorizado para afirmar que es posible) " (p. 173).
Muchas de estas porquerías de novelas él las atribuye a ese período en que estuvo preso en el infierno del alcohol y las drogas.

De todo su proceso de escritura, por encima de otros muchos aspectos, Stephen King destaca la importancia de las revisiones . Dice que al finalizar la escritura de las historias es el momento de las segundas redacciones. Es entonces cuando se detecta o no el tema o temas de la narración, así como diversos simbolismos: " Hay dos ejemplos de la utilidad de las segundas versiones: el simbolismo y el tema " (pág. 156). Es en la segunda versión donde se incide más o menos en ellos siempre que se vea su utilidad para la historia, porque por encima de todo siempre está la historia. Es la revisión un momento de máximo disfrute para el autor:

"Si algo adoro de escribir, por encima de todo lo demás, son esos relámpagos de intuición en que se te relaciona todo. Los he oído calificar de "supralógicos", y es lo que son. " (p. 162)

Por último realiza una alabanza de los clubes de lectura y de los blogs literarios por las aportaciones que se hace en ellos cuando comentan la obra:

"si el tema está bastante claro, los que comenten la novela podrán proponer su propia moraleja y sus propias conclusiones. Lo cual no tiene nada de malo, porque ese tipo de comentarios son uno de los grandes placeres de la lectura " (p. 164)

Sin embargo se muestra muy cítico con los Cursos de Escritura:

" Truquitos y artilugios los hay de sobra: la onomatopeya, la repetición incrementada, el flujo de conciencia, el diálogo interior, las cambios de tiempo verbal (está de moda narrar en presente, sobre todo en el relato breve), la engorrosa cuestión de los precedentes (cómo incluirlos y en qué cantidad), el tema, el ritmo (de los dos últimos hablaremos in extenso) y una docena de cuestiones más, todos los cuales se tratan (a veces hasta el agotamiento) en los cursos y manuales de escritura al uso. " (p. 155).

Cuando aborda este asunto de los denominados recursos estilísticos manifiesta que

"Como lector, me interesa más lo que va a suceder que lo que ya ha sucedido. Reconozco que hay buenas novelas que van a contrapelo de esta preferencia (¿o hay que llamarlo prejuicio?): una es 'Rebeca', de Daphne du Maurier. " (p. 180).

Vuelve luego otra vez al asunto de las clases de escritura a las que sí que reconoce dos ventajas: Una es para los alumnos dado que " Las clases de escritura son de los pocos lugares, si no el único, donde no está mal visto pasar porciones generosas de tiempo libre en un mundo de sueños. " (p. 190); la otra es para quienes las imparten pues " Para muchos escritores mal pagados, la solución es enseñar lo que saben a los demás. " (p. 191).

Y concluye con su peculiar sentido del humor diciendo sobre esta cuestión que

" Las clases o seminarios de escritura son tan poco "necesarios" como este libro o cualquier otro sobre el oficio de escribir." (p. 191)


El Lector Ideal
Importantísimo para él es la valoración que, antes de entregar la novela a la editorial, le hagan algún o algunos lectores en cuyo criterio él confía ciegamente. Afirma que su lector ideal siempre ha sido su mujer Tabitha que además es también escritora. Destaca de ella su sagacidad y buen juicio y recuerda los consejos que le diera para "Carrie", su primer gran éxito. Gracias a los mismos logró dar a esa historia de poderes paranormales verosimilitud y sensación de realidad:

"La sensación de realidad es importante en todas las obras de ficción, pero considero que en un relato que trate de fenómenos anormales o paranormales todavía reviste mayor importancia ." (p. 186)

Este ensayo sobre su manera de hacer novelas lo concluye igual que lo comenzó, afirmando que

"leer y escribir mucho es la verdadera escuela del escritor".

Cierra la obra un epílogo titulado " Coletilla, segunda parte: Una lista de libros" en el que intenta responder a una pregunta recurrente en cuantas presentaciones de libros y conferencias da, la de "¿Usted qué lee?". Su respuesta consiste en un listado de 96 títulos, que cualquiera puede consultar en las páginas finales de este tratado.

"Mientras escribo" apareció publicado por primera vez en el año 2000. En 2016 hubo una reedición del mismo coincidiendo con los 70 años de edad de su autor


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