
Desde el invierno,
Árboles que parece que susurran miserias cuando no te detienes a escuchar todo lo que comentan. Paisajes fríos que cruzan personas que agarran abrigos inmensos que les llevan perdidos en bailes eternos de abrazos propios. Rotura de sueños, que helados, caen en aceras olvidadas y que corren veloces a colarse por pequeños huecos de ventanas que alumbran hogares calientes que se cierran de golpe guardando promesas. Sabores añejos que se ocultan detrás del colorido de grandes cenas, que niegan, que existen espacios de difícil acceso, que en secreto, guardan lamentos de tristes infortunios que no cuentan ni como material de cuentos. Fríos que se llevan hogares de intenso olor a soledades.
Disfrazada de invierno espero que el fresco de la noche no congele mi pecho. Oteo el horizonte, mientras descubro que es esta época la que mejor guarda caminos entre mi mente y mis emociones. Oteo el horizonte y espero que llegue enseguida la primavera. Oteo el horizonte detrás de una ventana que sabe que da igual que estación sea porque yo estoy en ella.
Toco el timbre de tu puerta. Te espero abajo y paseamos por esta cuidad que parece muerta. Nos tomamos un vinito y calentando las manos, te cuento, en voz baja, el día exacto en que llegará la primavera.
