‘Món Petit’ se presenta al público como una película documental que narra el viaje de una persona, Albert a lo largo de medio mundo. Este documental bien podría ser tratado como una película normal, pues la historia que nos cuenta parece digna de la magia del cine y no de la vida real. La cinta no va de la discapacidad aunque su protagonista viaje en silla de ruedas; tampoco va de superación pese a que viajar en silla de ruedas a través de medio mundo pueda ser un ejemplo de ello para cualquiera. En mi opinión esta película va de límites. De quién marca los límites de nuestro día a día.

La respuesta es sencilla después de ver las andanzas de este joven de veinte años. El límite siempre seremos nosotros mismos. Albert, junto a su novia Anna, se propone hacer un viaje desde la puerta de su casa hasta las antípodas en Nueva Zelanda. Y claro todo ello sin dinero. Así dicho parece algo un tanto difícil de lograr. He aquí la primera barrera interpuesta por el espectador que derriba la película. La cuestión es, difícil o no, ¿Es posible?
Sólo hay que ver la vitalidad que desprende el protagonista, para quien la cuestión es simplemente inexistente. Si de algo da una lección es de la importancia que damos en nuestra vida al dinero como medio para conseguir un fin. No digo que la historia de Albert sea un ejemplo a tomar en cuenta de forma radical como él (A lo mejor hay a quién despierta ese espíritu, desde luego no es de extrañar), pero sí por lo menos debería ser un ejemplo de la excesiva importancia que le damos al dinero como forma de conseguir cosas, cuando realmente la importancia radica en los valores del individuo más allá de éste.

Creo que no se debería poner la etiqueta de discapacidad al lado de esta película. Utilizaría más bien la etiqueta de road-movie, película de aventuras, realismo mágico…La silla de ruedas es una anécdota, como dice el protagonista en un momento de la película: “es como el que lleva gafas”. La grandeza de la hora y media que dura radica en la transparencia de la historia. Es muy sencillo, sí, la vida le postró en una silla de ruedas, pero la vida es muy larga como para no ser feliz. Es cierto que puede sonar muy idealista, pero tener esa máxima presente creo que no hace daño a nadie. Hay problemas en la vida de cualquiera, muchos de tremenda gravedad, pero no por ello debemos perder ese fin que es vivir felizmente. He aquí un ejemplo perfecto de ello.
A lo mejor ‘Món Petit’ no es el documental más redondo de la historia en cuanto a la parte técnica, pero sin duda en este caso el fondo justifica la forma. No tiene tanta importancia el típico plano precioso de la Gran Muralla china, o la interacción de los protagonistas con otras culturas. Sí, todo es tratado en el viaje, pero siempre a través de los ojos de Albert, a través de su vitalidad y su empatía, de la que te hace partícipe. Aquí sólo hay vida sin pretensiones, vida sin límites de ninguna clase.
