Volviendo a esos misteriosos y queridos lectores, uno me recordaba el otro día, tras leer la entrada relacionada con los videojuegos, que aún quedaban espacios por tocar, que, por ejemplo, jamás había dedicado mención alguna a la fotografía. Otro se sorprendía al encontrarse inesperadamente en el ciberespacio con Música en los talones, la hermana pequeña de este blog. Es cierto que, aunque hace ya tiempo que integré el enlace en la columna lateral, jamás he hecho una sola mención al canal de youtube. La razón de ello es que en realidad no me parece un complemento, sino un ente independiente que cree en su día por motivos en algunos aspectos menos ambiciosos a los que dieron origen a Literatura en los talones. Sí, una de las listas de reproducción está dedicada a este blog, y en ella pueden encontrar interesantes entrevistas, coloquios y presentaciones de carácter literario, pero el alma del canal no lo constituye la literatura, sino la música. Pero vamos al asunto, porque esta es una de esas ocasiones en las que mato dos pájaros de un tiro. Si bien las maravillosas músicas con las que he elaborado los pocos vídeos de propio cuño que he ido subiendo al canal proceden de fuentes totalmente ajenas, de autores más o menos conocidos, las imágenes me han sido cedidas en algunos casos por amigos, fotógrafos que, a pesar de mi exiguo conocimiento en la materia, me parecen auténticos maestros. Bajo las hipnóticas y relajantes músicas de Paul Lawler o Tim Story es un auténtico gozo disfrutar de las imágenes captadas por admirados compañeros como Arturo Villarrubia o Loren González. Vayan esta entrada y la belleza de este vídeo en respuesta y homenaje a mis queridos escritores misteriosos.
