Revista En Femenino

Nacemos para ser amados y tocados....

Por Teresa Escudero Ozores
Nacemos para ser amados y tocados....

Y por una vez no os voy a poner ni los últimos estudios de Nils Bergmann, ni nada sobre neurociencia, ni datos... Sólo quiero compartir con vosotros un poema que me descubrió mi admirada y queridísima amiga Cristina Saraldi (https://cristinasaraldi.com/).

Espero que os guste tanto como a mí. 

 Por favor, tócame

Si soy tu bebé, tócame,
Necesito tanto que me toques,
no te limites a lavarme, cambiarme los pañales y alimentarme.
Méceme junto a tu cuerpo, besa mi carita y acaricia mi cuerpo.
Tu caricia relajante y suave expresa seguridad y amor.
Si soy tu niño, tócame
aunque yo me resista y te aleje,
persiste, encuentra la manera de satisfacer mis necesidades.
El abrazo que mes das por las noches ilumina mis sueños,
el modo en que me tocas durante el día, me dice cómo te sientes.
Si soy tu adolescente, tócame.
No creas que, por ser casi adulto, no necesito sentir que aún me cuidas.
Necesito tus brazos cariñosos y tu voz llena de ternura.
Cuando el camino se vuelve difícil, el niño que hay en mí te necesita.
Si soy tu amigo, tócame.
No hay nada que me comunique mejor tu cariño que un abrazo tierno.
Una caricia curativa cuando estoy deprimido me asegura que me quieres, y me informa de que no estoy solo.
Tu contacto pudiera ser lo único que logre.
Si soy tu compañero sexual, tócame.
Podrías creer que la pasión basta,
pero solo tus brazos alejan mis temores.
Necesito tu toque de ternura que me da fe,
y me recuerda que soy amado porque soy como soy.
Si soy tu hijo adulto, tócame.
Aunque tenga mi propia familia para tocar
aún necesito que me abracen papá y mamá cuando me siento triste.
Como padre yo mismo, mi visión ha cambiado y los valoro aun más.
Si soy tu padre anciano, tócame
como me acariciaban cuando era pequeño.
Coge mi mano, siéntate cerca de mí, dame tu fuerza y calienta mi cuerpo cansado con tu proximidad.
Mi piel está arrugada, pero goza cuando es acariciada.
No tengas Temor
Sólo Tócame
Phyllis K. David

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