
COMIENDO EN EL HOTEL NARSAQ Sigo deambulando por este bonito pueblo de colores que, comparado con otros que visitaré, viene a ser casi el "Nueva York" groenlandés. Me saluda la gente que está sentada, por no decir petrificada, en los bancos cerca de los puertos. De todos modos, aunque mencione a ocasionales habitantes, la sensación prevaleciente es fantasmagórica.
Poblaciones prácticamente desérticas, un silencio que habla de los orígenes del tiempo y un diezmado ramillete de lugareños que parecen ocultar tras su sonrisa afable secretos arcanos. He llegado hasta una tienda muy pequeñita del tipo de negocios chinos que te venden toda suerte de "alhajas" por un euro. No hay nada autóctono. Todo muy caro e importado del pueblo que queda al lado de mi casa, por así decirlo. Estoy en la zona alta de Narsaq, donde vive la Jet Set, la gente más adinerada. Dejo atrás la bonita tienda blanqui-verde de artesanía y me detengo ante el hotel Niviarsiaq; otro precioso nombre que parece arrancado de la mente de Tolkien y su "Señor de los anillos".




Aquí es donde confluyen la estupefacción y la pena, pues este precioso bar de estética norteamericana, estuve en muchos parecidos en una población llamada Jackson Hole, es donde la tristeza y la vida "regalada" se combaten a base de sobredosis etílicas con un fementido (falso) maquillaje de alegría postiza. La paga mensual se cuela por las rendijas que engordan las arcas del Artic Café. Gente sola, gente ebria, gente que sonríe como presa de un éxtasis divino. El local rojo de madera tiene un aspecto clandestino que me hace recordar aquellos similares de la épica serie de televisión "Twin Peaks", básicamente un delirio constante con telón de fondo aterrador y misterioso. En cuanto a los moradores de este "inframundo", es cierto lo que me cuenta Carmen. Tanto ellos como ellas se insinúan y mantienen en todo momento una actitud depredadora, sicalíptica (insinuante, erótica); en acción el juego más antiguo del mundo; el romance, el galanteo, el "ligoteo", vaya. Estos groenlandeses son pocos y lo de aumentar como sea la demografía local es un asunto que se toman en serio. La concupiscencia (lujuria o apetito carnal desenfrenado) no es un tema especialmente reprobable cuando lo que se pretende es fulminar las tasas de natalidad precarias. Me encuentro el Artic Café muy poco poblado, pero una imagen vale más que mil palabras, y lo observado revela precisamente ese caldo caliente, donde las emociones saltan y brincan al mínimo roce. Miradas, insinuaciones, intenciones desnudas, extraños que se acercan como abejas al panal... La híper protección danesa, exceso de ocio, carestía total de ambiciones más allá de las que manda el placer inmediato, una vida pues dedicada a gastarse lo que no llega con el esfuerzo propio, forman una madeja mortal de la que es difícil escapar. El Artic café es un reducto humano de vidas dilapidadas, atrapadas esas almas en las redes de una adicción destructiva.Después de varios intentos he logrado acceder a la pequeña tienda taller de artesanía, que es anodina y apenas tiene nada sobre esas estanterías desnutridas. 
TUUTUPITS -PIEDRAS EXCLUSIVAS DE NARSAQ Y LA PENÍNSULA DE KOLA, EN RUSIA.


TUPILAKS

Básicamente expenden piedras locales con las que hacen collares, pendientes, bisutería de andar por casa. Mucho más interesantes me parecen los horrendos tupilaks. Estas figuritas deformes, feas, extrañas, pertenecen a la mitología innuit y sus intenciones no son nada benignas, pues pretenden precisamente causar perjuicio al prójimo en una especie de ritual que evoca las malas artes negras de la hechicería o el vudú.La intención en el uso de los tupilaks, por tanto, era netamente maléfica y se elaboraban a partir de huesos de animales, cabellos, tendones piel y, sin yo querer ponerme escabroso, en ocasiones también se utilizaban partes u órganos humanos (niños). Mediante cánticos y rituales se buscaba arruinar, destruir, perjudicar a determinada persona.PRÓXIMA PARADA EN SARLOQ...
