Revista En Femenino

Nitroglicerina

Publicado el 04 enero 2011 por Historiadea
Pues resulta que hoy estaba yo tan tranquila tomándome un pincho de tortilla en el Ávila para aligerar la pájara laboral del mediodía cuando, ¡qué novedad!, al dichoso móvil le ha dado por sonar de manera insistente no una ni dos sino hasta tres veces haciendo real eso de la profecía autocumplida. Mismamente, que no hay día que por una u otra razón mis escasos y sagradísimos momentos de paz no se vean interrumpidos por un reclamo sonoro de mayor o menor nivel que me pone, sí o sí, en modo Miura bragáo echando tierra p'atrás.
Así que, blasfemando en arameo sotto voce y deglutiendo la bola de tortilla a toda prisa, como la cabra de la legión, he acabado atendiendo el llamado del dichoso Nokia, al que cada día tengo más tirria pese a sus nobilísimas intenciones de que me lo pase permanentemente en grande con eso del 'connecting people'.
En fin... Que estaba yo tan feliz como una lombriz con el pincho de marras cuando me ha telefoneado mi padre para comunicarme que evoluciona bien de lo suyo. O sea, una gastroenteritis que lo ha tenido baldado la mitad de los días que ha compartido fiestas navideñas con nosotros y que ha servido como tema introductorio para aligerar la segunda y más desconcertante parte de la conexión telefónica.
_Hija... Mira en la estantería de la niña, que yo creo que me he dejado un bote de pastillas...
Más Miura que nunca y ya sin bola en la boca _con perdón_ he querido saber, por pura curiosidad nomás, de qué tipo eran las pastillas que se ha dejado el abuelo hace tan solo dos días en la estantería donde mi hija mayor hurga recurrentemente con sumo placer.
Evasiva de papá y lanzamiento de balón por encima de la portería.
_Tú no te preocupes, hija, que el tapón es de rosca y cuesta muchísimo abrirlo.
Ya. Como si mis retoñas _que bien podrían estar con Arsuaga en Atapuerca desentrañando la Gran Dolina con una mano mientras con la otra tocan el guitarrón mexicano sin darse importancia_ no fueran expertas en abrir cualquier bote, caja, recipiente, tupperware o envase terrícola o extraterrestre que se les ponga a tiro.
Vuelta a la carga y a reformular la pregunta por mi parte.
_Oye, papá, que lo que quiero saber es de qué son las pastillas...
Respuesta inmediata y sabiamente minimizada por mi progenitor.
_¡Ah, no, nada, no te preocupes!... Son de nitroglicerina, de esas que se ponen debajo de la lengua. Por lo del infarto, hija... ¿Quieres hablar con tu madre?...
Casi me caigo del taburete, que es lo mío desde que, a resultas de la dieta hiperproteica, me haya quedado sin posaderas suficientes como para estabilizar mi estallido corporal en grandes momentos como el narrado.
A estas horas las dichosas pastillas aún no han aparecido. Pero prometo que tan pronto las localice me las tomo todas, a ver si con algo de suerte no exploto con efecto retroactivo. Sobrada de nitroglicerina como voy, solo me faltan los pechos Goma 2 para ser la mismita retromusa de Casal en aquella cosa ochentera de Eloise.
Todo se andará.

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