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No somos tan mala gente

Por Francescbon @francescbon
NO SOMOS TAN MALA GENTECuando acabo de explicarles a mis hijos (como me explicó a mí un profesor hace más de treinta años) que esa losa redonda marca el que era el punto más elevado de la Barcelona de esa época, nos cruzamos con un grupo de jubilados italianos (junto a los jubilados griegos, portugueses y españoles, los auténticos culpables de la crisis global con su longevidad, y, seguro, aquellos que los prebostes europeos desearían que fueran desfilando poco a poco de este mundo cruel). La guía les está explicando exactamente lo mismo: lo del punto más alto de la Barcelona romana. Mi familia me mira de forma cómplice y yo crezco algún centímetro. Las columnas romanas nos vigilan desde sus siglos de antigüedad, nos olvidamos de hacerles una foto y la que encuentro en internet tiene, ahí a la izquierda y en altura, una de esas banderas que, mañana, se mostrarán profusamente al mundo. Las críticas arreciarán de donde ya sabemos y las alabanzas de donde también sabemos. Si estábamos cada bando en un extremo de una habitación, mañana parecerá que queramos apretarnos contra la pared para extremar la distancia. Sólo alguien ajeno a todo puede considerar que hay marcha atrás: barrios de Barcelona como el que hemos recorrido esta mañana, los que teóricamente tienen una mayor presencia de población procedente de otros lugares del planeta, presentan, semanas después del 11-S, profusión de banderas colgadas. A pesar de los políticos adormilados ralentizando los procesos, la calle sigue clamando, los foros echan humo y las cuentas de Twitter exigen respuesta inmediata, sin contemplaciones. Y la reacción en el lado contrario aún lo hace más apremiante. Hemos estado en el Fossar de les moreres, simbólico lugar en homenaje a las personas que perecieron en el sitio de Barcelona, en 1714. Aunque ya he dicho muchas veces que lo que cuenta es la voluntad de hoy. Pero anda, miraros todos esos comentarios colgados en www.apuntem.cat, donde se recogen los más destacados, por originalidad, por crudeza, por trogloditismo, de los cariñosísimos comentarios dedicados a los que clamamos pacíficamente (igual está ahí el error, en actuar de manera civilizada con quien no lo es) por nuestra independencia. Nos sacan los ojos, nos bombardean, nos insultan, nos desean, a todos, enfermedades, sufrimiento, miseria, desgracias, muerte, aniquilación, destrucción. Hay quién nos llama, entre chanzas y aplausos, el problema catalán. Esa es su mejor herramienta promocional para vendernos la marca España (lo siento, uno de mis TT preferidos en Twitter es #marcaespañajajaja), amenazas de todos los tipos hacia los que no aguantamos más, para convencernos que nos quedemos. 
Escrito en el monumento:
Al fossar de les moreresno s'hi enterra cap traïdorfins i tot perdent les nostres banderesserà la urna del nostre honor
En el foso de las morerasno se entierra ningún traidorhasta perdiendo nuestras banderasserá la urna de nuestro honor.

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