Como hemos conocido hace unos días, una peña de Sagunto tuvo colgada una imagen de una mujer completamente desnuda, doblada sobre la cintura mientras un toro la penetraba desde atrás.
¿La imagen de una mujer siendo violada por un animal no llamó la atención de ninguna autoridad festera o municipal?
Sagunto parece tener declarada una guerra sin cuartel a las mujeres y al feminismo. Recordemos que la pasada semana santa una de sus cofradías volvió a votar para que las mujeres pudieran participar activamente en las actividades de dicha cofradía y, de nuevo, la votación fue negativa para las mujeres.
Hace casi cuarenta años en Ontinyent, mi ciudad, en el marco del II Congreso Nacional sobre Fiestas de Moros y Cristianos, se votaba si las mujeres podían o no participar en las fiestas de moros y cristianos de la ciudad que, por cierto, comienzan mañana. Y cuando digo participar no me refiero a ir de boato de las comparsas, me refiero a desfilar en los actos oficiales, con trajes iguales o similares a los de los hombres y poder ejercer responsabilidades tanto en las diferentes comparsas como en la sociedad de festeros.
Hubo una señora, Tere Lluch, que, en medio de las discusiones sobre la participación de las mujeres de forma plena en dichas fiestas propuso (y creo que con muy buen criterio) que si las mujeres no participaban iba a hacer una llamada para que se convirtieran en insumisas fiscales, o sea que dejaran de pagar impuestos municipales, puesto que durante esos días se las expulsaba de las calles que eran tomadas literal y metafóricamente por los hombres festeros o no.
De inmediato se recondujo el tema y las mujeres pudieran participar con normalidad y en plena igualdad con los hombres en las fiestas de moros y cristianos de Ontinyent. En la actualidad, es un tema superado y no hay obstáculos legales para que puedan acceder a cualquier responsabilidad dentro de la estructura de la sociedad de festeros, dentro de las comparsas o que puedan ser “cargos” como capitanas, embajadoras o abanderadas. Al menos hasta donde yo sé.
Según datos de la propia Sociedad de festeros de Ontinyent, en el año 1989 sólo desfilaron 9 mujeres dentro de la escuadra de “las valkirias” que formaba parte de la comparsa cristiana de los Fontanos. En el año 2023 de las 4916 personas festeras, el 42% eran mujeres. O sea, 2076 mujeres festeras en igualdad plena frente al 58% de los hombres que eran en aquel momento 2840.
Seguramente podrá parecer un alegato favorable por Ontinyent y en detrimento de Sagunto, pero la igualdad real entre mujeres y hombres ha de recorrer todos los espacios y el lúdico o festero es uno más.
Hay un señor dedicado a la política y a quien admiraba mucho que en una ocasión me dijo que las fiestas de los pueblos eran momentos en donde toda la ciudadanía de ese pueblo o ciudad olvidaba sus rencillas y disputas y se hermanaban para el lucimiento conjunto de la fiesta. Este señor tenía bastante razón, aunque se olvidó en su análisis de las personas a quienes no nos gustan las fiestas ni las aglomeraciones que se producen.
Mantener diferencias entre hombres y mujeres dentro de las fiestas de los pueblos, como ocurrió en Alcoy, por ejemplo, en donde las mujeres no pudieron desfilar en igualdad plena hasta el 2015, es mantener estereotipos sociales insanos por antidemocráticos, antiigualitarios y discriminatorios. Incluso de podría decir que se practicaba un apartheid de género con las mujeres.
Ese mismo esquema estereotipado e insano socialmente está viviéndose en la semana santa saguntina. Lo del cartel de la peña festera va más allá. Se trata de violencia simbólica hacia las mujeres. Es como si cambiáramos a los componentes de la manada de Pamplona por un toro. Em ambos casos la mujer sale gravemente perjudicada, aunque sea de forma gráfica a través de un cartel.
Cuando se denigra con acciones u omisiones al feminismo (y con la derecha y la ultraderecha lo estamos viendo cada día) se está enviando un mensaje muy peligroso a la sociedad. Y el mensaje es tan sencillo como que hay vidas de primera categoría que son las de los hombres y vidas de segunda que son las de las mujeres. Por tanto, la escala de poder está clara y se “impone”, de nuevo, el modelo de sumisión femenino que establecieron los regímenes fascistas en el siglo XX en Europa.
Aunque haya gente que crea que el feminismo no es necesario, lo sigue siendo y mucho. La denuncia del patriarcado y de sus estrategias para mantener privilegios ha de ser constante y desde todos los frentes. No podemos ni debemos descuidarnos. En demasiadas ocasiones, nos va la vida en ello.
Ben cordialment,
Teresa
