Revista En Femenino

Trabajos feminizados

Publicado el 06 septiembre 2026 por Teremolla
Trabajos feminizados

   Leía hace poco que las trabajadoras del servicio de atención a domicilio están al borde del colapso con salarios bajos y sobrecarga laboral. Lo que viene siendo de toda la vida la precariedad feminizada en profesiones en las que mayoritariamente trabajan mujeres.

   Hablamos de sectores como la limpieza de centros escolares e institutos, de camareras de hoteles y al menos por estos lares comienzan a verse cada día más limpiadoras de las calles.

   Tampoco nos podemos olvidar de las relacionadas con la salud y la sanidad o las de la docencia, sobre todo en educación primaria.

   Salvo las dependientes de los presupuestos generales autonómicos o del Estado, las condiciones laborales de las mujeres, incluso las de la docencia privada, son bastante más precarias y con salarios más bajos que sus colegas de la pública. Y eso que en la pública tampoco están para tirar muchos cohetes.

   Frente a mi casa hay un colegio concertado y conozco de vista o personalmente a algunas personas que trabajan en él. Hace casi 43 años estuve trabajando de limpiadora en un instituto y sé de lo que hablo. No sé qué horario hacen en este colegio que hay frente a casa, lo que sí sé es que es jornada partida. A las 6,30 de la mañana ya están trabajando y hay tardes-noches en que a las 20,00 las vuelvo a ver trabajando. Posibilidad de conciliar: Cero patatero.

   Una de ellas tiene más o menos mi edad. Y a veces cuando la veo sacando los enormes cubos de basura selectiva que, aunque lleven ruedas, pesan lo suyo, pienso en cómo debe de tener esa señora la espalda, las piernas, las manos, en fin, en cómo de cansada debe llevar cada noche a la cama y de nuevo, vuelta a comenzar.

   O las trabajadoras de ayuda a domicilio cómo deben no sólo organizarse para cuidar a las personas vulnerables a las que cuidan, también ejercitar el propio autocuidado para no acabar muriendo en el intento.

   En los bajos salarios de unas y las otras, en su precariedad, precisamente dada por esos bajos salarios, en su rotación constante para intentar mejorar sus condiciones de vida buscando empleos con salarios más dignos y seguros.

   En el sector de la limpieza, las grandes empresas encargadas de limpiar centros escolares, sanitarios, institutos y hospitales suelen tener plantillas más estables gracias a un mecanismo llamado subrogación de personal, de manera que la empresa que haya ganado la última contrata queda obligada a mantener a la plantilla con las mismas condiciones que la empresa anterior. Esa es una gran ventaja para las trabajadoras de ese sector, que ven de esa manera asegurado su futuro laboral inmediato.

Pero ¿Y sus salarios? Pues que son salarios bajos que en raras ocasiones llegan a los 18.000 euros brutos al año. ¿Qué pasa con las promociones? Que las suelen realizar los escasos varones que existen en esas grandes empresas, por distintas y variadas razones y una de ellas sigue siendo la de la conciliación.

Y digo esto porque simbólicamente, se continúa creyendo que la conciliación ha de ser una cosa de mujeres únicamente por aquello de los cuidados a menores, mayores y personas vulnerables. Volvemos pues, al nudo gordiano del tema laboral: Las mujeres nos hemos incorporado al mundo laboral y colaboramos con nuestro esfuerzo a la mejora de las condiciones de vida en general, pero los varones, en su inmensa mayoría, no se han incorporado al mundo de las tareas domésticas ni a los cuidados que requiere el núcleo familiar del forman parte. Se llama CORRESPONSABILIDAD FAMILIAR. Y como dije, conozco a muy pocos hombres que la practiquen de forma activa.

Cuando no lo hacen y ellas trabajan, también, fuera de casa, se ejerce violencia machista económica, puesto que el valor de los salarios que se percibirían por realizar las tareas domésticas y de cuidado, y que no están remuneradas, y el tiempo dedicado a ellas, cae sobre las espaldas de las mujeres.

Y sobre todo la carga mental que supone la organización de todo el sistema familiar: compras, médicos, colegios, tutorías y un largo etc. del que habitualmente se encargan las mujeres.

Con razón se llaman segundas y terceras jornadas laborales, porque después de la (mal) retribuida jornada laboral, comienzan las de las tareas domésticas y la de los cuidados de toda la familia.

Así las cosas, considero que deberían dignificarse las condiciones laborales más precarias que están feminizadas.

Al mismo tiempo seguir trabajando para que la corresponsabilidad vaya avanzando entre las familias y, al mismo tiempo avancemos hacía una mayor igualdad real entre hombres y mujeres. Eso significará, sin ninguna duda, un mayor grado de justicia social.

Ben cordialment!

Teresa


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