Revista Opinión

Nochevieja mola

Publicado el 30 diciembre 2014 por @igarro @igarro

Tiempo atrás el fin de año era el 14 de Marzo pero una declaración de guerra de la todopoderosa Roma a los belos (un pueblo celtíbero situado en el actual Aragón) en el año 154 a.C  hizo que adelantasen el nombramiento de los cónsules al 31 de Diciembre y con ello el calendario político-administrativo. A partir de ahí se establece el 31 de Diciembre como la fecha que pone fin a un año.

Aunque solo sea una noche, los preparativos abarcan mucho más tiempo. Uno empieza a planificar Nochevieja a partir del 2 de Enero, dejando el día 1 de Enero como jornada de reflexión inducido por la resaca.

La primera elección es la fiesta a la que acudir. Es una decisión fundamental porque vas a pasar diez horas en el mismo local disfrutando de la maravillosa barra libre. Los precios de las fiestas de la Nochevieja suelen oscilar entre los 60 € y un litro de sangre de unicornio virgen. A cambio se sirven unos brebajes maravillosos, pudiendo elegir entre el contenido de distintas garrafas.

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Seagram´s, Santa Teresa y Cardhu de la última fiesta a la que acudí

   Una vez que tienes tu entrada para la fiesta, es harto importante saber dónde van a ir tus amigos que no acuden a esta fiesta. Da igual que estén en el local de al lado o en Pekín, no los vas a ver porque tú estás más clavado a la barra de un bar que el de Maná en la canción de marras.

   El verdadero ritual de fin de año comienza en Noviembre cuando visitas el Bershka con ansia buscando el vestidito ideal para tan magno acontecimiento. Permitidme unos consejos como blogera de moda que soy: enseñad muslamen y tetamen como si no hubiese mañana y escoged colores oscuros para que no se noten las manchas, no os vaya a pasar lo que a Mónica Lewinsky.

¿Ya están las princesas preparándose para fin de año? #NocheviejaMola #DiarioDeUnPerdedor pic.twitter.com/B6GHJ2FB1R

— Iván R.G. (@Igarro) diciembre 30, 2014

Una vez que tenéis entradas para el local en cuestión y el vestido sobre el que caerán todo tipo de fluidos, alcohólicos y no, vuestros y ajenos, ya entramos en la recta final de la preparación

El día 31 de Diciembre tenéis que madrugar un poquito, con que estéis antes del amanecer en la puerta de la peluquería es suficiente. Seguramente haya tanta cola como cuando sale a la venta un iPhone. El vestuario es fundamental: debes de ir con chándal y una sudadera y parecer una pordiosera. Supongo que se hará así para que cuando salgas de la peluquera, Bertín Osborne te reciba como en “polvo de estrellas” después de salir peinada como una estrella pop. Yo creo que la vestimenta debe ser cutre y la que no lleves por la noche porque el bueno de Bertín, en un despiste, puede dejar sus fluidos en tu vestido de gala.

Cada vez queda menos para el tan ansiado momento de despiporre y ese día único y tan especial. Después de la cena y tras atragantarte con las tradicionales uvas, tu madre se dispone a hacerte un book fotográfico. No desesperéis, tras media hora y quinientas fotos después, podrás irte. No sin antes pronunciar un discurso lacrimógeno sobre cuánto ha crecido su niña y que ya es una mujercita.

A las dos de la mañana ya has llegado a la puerta del local que acoge la fiesta. Ahí te encontrarás con otras señoras disfrazadas y peinadas de putón que dicen ser tus amigas. Tú no las reconoces, pero crees adivinar que tras ese kilo de maquillaje se esconde tu amiga “la Jenny”. Otra sesión de fotos esta vez con todas las desconocidas de tu pandilla. Este material fotográfico es importante no perderlo de vista porque años después sentirás una necesidad irrefrenable de quemarlo.

A las tres de la mañana entras ya en la fiesta. Te diriges tranquilamente a la barra del bar esquivando a cientos y cientos de personas y de señoras disfrazadas de zorra. La cola en la barra viene durando una media hora. Yo aconsejo hacer una reunión de pandilla, buscar una zona cercana a la barra y montar allí una quechua 2´´. A partir de ahí ese será el campamento base y cada quince minutos un expedicionario debería salir a por copas. Es probable que alguno no vuelva. No os preocupéis. Estará bien. O no.

Si habéis seguido mi consejo, es probable que hayáis conseguido beberos dos copas, tres a lo sumo. Os habrán entrado 83 machos vestidos como smoking, a uno lo habéis confundido con el Jhonny y os lo habéis follado en los baños del local (mientras follaban otros ochocientos). He aquí donde se hace de vital importancia la elección de un vestido de princesa de color oscuro, por si los fluidos del Jhonny no salen en la lavadora (o del que iba vestido como él).

Ya son las siete de la mañana y toca volverse para casa, el camino a casa es como atravesar Mordor a la pata coja, pasando por la Tierra Media montado en tortuga y llegar al muro de Invernalia y dar vuelta y encontrar un taxi es igual de difícil que cuando Stevie Wonder emprendió la búsqueda del Santo Grial atado a un árbol.

En estos momentos ya dejáis de ser princesitas y sois como Carmen de Mairena después de doce hora de trabajo tras grabar una película educativa de las que ella rueda (“Por detrás me gusta más” y “Soy puta pero mi coño lo disfruta” destacan sobremanera en su filmografía), con el rímel desperdigado por la cara, el vestido remangado y los tacones en la mano. Os aconsejo encarecidamente que busquéis la colaboración de un macho portador nepalí para que os montéis al caballito (al revés que hacía el que se parecía al Jhonny) sobre él y os deposite sobre una parada de taxis.

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Kate Moss es todo un ejemplo de glamour y sobriedad tras una Nochevieja cualquiera

La clave de una buena fiesta de fin de año es empezar la noche pareciendo una princesa y acabarla pareciendo una actriz porno después de veinte bukkakes. Eso es lo que lo diferencia de una noche normal.


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