Revista En Femenino

Nuestros inicios en la guarde

Por Mousikh

Como dice la canción, el final del verano llegó y con él, esa nostalgia y melancolía que nos producen a muchos las despedidas. Con septiembre, vuelta a las rutinas, al estrés del día a día, quizá a la ilusión e incertidumbre de nuevos proyectos o nuevas fases de nuestras vidas… Sin embargo, si por algo es famoso este mes y por ello, portada en revistas y webs, y noticia obligada de telediario, es por la vuelta al cole. En las redes sociales es y será el tema estrella en estos días, porque independientemente de las edades, circunstancias y características de nuestros pequeños, su entrada o regreso a la guarde o al colegio, a todos los padres nos produce algo de inquietud.

Nosotros afrontamos este año la entrada de Pequico a Infantil de 3 años algo más tranquilos por el bagaje que nos ha dado un año de guardería, pero sin duda, con el gusanillo en el estómago de cómo se nos dará esta nueva etapa. Así que a escasos días del acontecimiento, me apetecía hacer memoria y contar nuestra experiencia del año pasado y cómo lo afrontamos nosotros, por si a alguno os puede ser de utilidad

Eligiendo guardería

Sin duda los quebraderos de cabeza comienzan desde el mismo momento en que nos planteamos llevar a nuestros niños a la guardería. Independientemente de la motivación o necesidad que nos lleve a ello, (la nuestra la conté ya aquí) todos queremos que estén en el mejor sitio posible y que los atiendan bien. Nosotros teníamos una única opción, con lo cual la decisión era sí o no, pero muchos sí que podéis elegir y ahí surgen las primeras dudas- ¿Pública, privada o concertada? ¿Cerca del trabajo o de casa?- y opiniones de todos los gustos y colores. Por mi experiencia creo que al final lo importante es la impresión que nos cause el centro (si tenemos referencias fiables de él mucho mejor), el clima que se respire, la flexibilidad en los horarios, cómo sea el proceso de adaptación, etc. En nuestro caso, se trataba de una guardería concertada, relativamente nueva y muy cuidada y acogedora, de esas que te entran por los ojos. En el tema horarios también nos gustaba porque era flexible, sin embargo, el proceso de adaptación no era del todo como a nosotros nos hubiera gustado.

La adaptación: “el antes”

Indudablemente cada niño, cada familia y cada guardería es diferente y cómo se adapten los pequeños por tanto, también. Siempre que manifiestas tu preocupación al respecto habrá alguien que te cuente como el/la hijo/a de fulano o mengano se lo pasaba genial desde el primer día y no quería volverse de allí. Y efectivamente hay niños que reaccionan así, sin embargo yo conozco más ejemplos de pequeños que lloran o que lo pasan regular algunos días, incluso de algunos que se lo toman muy bien como novedad, pero pasados unos días, les “da el bajón”.

Yo creo que una de las claves para ayudar a que a los peques no les resulte traumática su entrada a la guarde es la presencia de los padres (o de una figura cercana al niño) durante los primeros días. Conozco centros en los que se hace todo de forma muy paulatina y la primera semana la dedican por entero a realizar actividades en las que participan los padres, cada vez en menor medida; de modo que el niño no se encuentra “solo ante el peligro” desde el primer momento sino que, antes, se ha familiarizado ya con el entorno y “la seño”, se siente más seguro y lo afronta mejor. Para mí esto es lo ideal, sin embargo en nuestro caso no lo tenían concebido así. Pequico, con 28 meses recién cumplidos, entraba a un aula de veinte niños de dos años, de los cuales, salvo tres, todos ya habían acudido a esa guarde el curso anterior, e iban a entrar a la vez desde el día 1 y a horario completo. Así que el único margen de adaptación que teníamos era llevarlo menos tiempo al principio, e ir aumentando éste progresivamente.

¿Para paliar esto que hicimos? Llevarlo con nosotros todas las veces que visitamos la guarde previamente. De hecho el día de la reunión informativa para los padres a principio de curso, él vino con nosotros, y pudo estar jugando en la que iba a ser su aula y por el patio. La experiencia fue muy positiva,  se lo pasó tan bien que estaba deseoso de volver allí, así que mejor no podía pintar la cosa. Los días previos, recuerdo que hablábamos mucho del tema y hacíamos repaso de todos los juguetes y las cosas que habíamos visto en nuestra visita a la guarde y él contaba una y otra vez, a todo el que le quisiera escuchar un relato muy divertido lo que había hecho allí aquella tarde.Pero cómo era de esperar, no iba a ser tan fácil…

La adaptación: “el durante”

 Y por fin, llegó el primer de día de guarde, él iba todo emocionado con su mochila (como Eli) y nosotros animándole y tratando de disimular los nervios. Tal y como nos habían indicado en la reunión, nos despedimos como si tal cosa de él, sin recrearnos mucho, y de la mano de su seño, pasó a la clase. No lloró, pero no olvidaré cómo nos miró, con su cabecita vuelta hacia atrás, a la vez que se cerraba la puerta, desconcertado, a todas luces sin comprender, por qué no lo acompañábamos. Creo que la media hora que pasamos esperando por los alrededores se me hizo la más larga de mi vida y creo que igual de interminable se le debió hacer a él. Según nos dijo la profe estuvo serio pero tranquilo los primeros minutos, como contenido, hasta que otro niño empezó a llorar y se unió a él.

Como podréis imaginar, los siguientes días ya no iba tan predispuesto; no se resistía ni decía que no abiertamente, pero los ojos se le llenaban de lágrimas nada más cruzar la puerta de casa. Yo me sentía fatal, la verdad, era la primera vez que veía sufrir a mi pequeño y sentía que de algún modo le estaba fallando; no podía evitar plantearme si quizá no nos habíamos equivocado y debíamos dar marcha atrás, pero por otro lado pensaba que si se adaptaba, iba a disfrutar de estar con niños y cuando naciera su hermanito, le vendrían bien esas horitas fuera de casa. Aunque en ese momento, eso no me consolaba.

A mi alrededor, todo el mundo me decía que era normal, que en un par de semanas se acostumbraría y esas cosas que todos solemos decir, pero a mí no me servía, me sentía impotente de no hacer otra cosa que esperar. Así que comencé a darle vueltas a la cabeza intentando idear alguna estrategia para hacerle más fácil el proceso, y estas fueron algunas de las cosas que se nos ocurrieron:

  • Buceando por internet encontré este capítulo de Caillou donde se ve su primer día en la guarde y cómo está triste al principio, pero luego hace amigos y lo pasa bien. Recuerdo que lo quería ver una y otra vez y luego establecía comparaciones entre los personajes y las personas reales (tipo “mira, la seño, como Inma”, o “el niño está triste, como Pequico).

  • Dibujamos nuestra propia historia (con él de protagonista) intentando expresar a través de los dibujos cómo se sentía y reproduciendo algunos elementos y cosas que hacían en la guarde, para que luego se sintiera más seguro al identificarlos allí.
  • Y con esa misma idea de interiorizar las rutinas de clase y hacerlas de algún modo más familiares, convertimos su habitación de juegos en una guardería. Allí reproducíamos todas esas rutinas: llegaba con su papi y su mochila (yo hacía de seño), llamaba a la puerta, sentábamos a todos los muñecos en la alfombra y les contábamos un cuento o cantábamos alguna canción, les dábamos el desayuno, salíamos un rato a jugar al patio de casa, luego los sentábamos en una mesa a pintar y a jugar, etc. Mi objetivo era mostrarle a través del juego que ir a la guarde era divertido y que podía disfrutar de ello.
  • Aunque en la guardería nos habían dicho que no se hacían responsables de lo que le pudiera pasarle al objeto en cuestión, durante unos días le dejamos llevar un juguetito de casa (un cochecito o un muñequito pequeño) a modo de objeto de transición o de apego, como llaman los expertos. Nos facilitaba bastante el momento de salir de casa y nos consta que él no se separaba del mismo. Aunque en el momento en que dejó de pedirlo, no se lo volvimos a dar porque nos comentaron que a veces algún niño quería quitárselo y pensamos que podía ser contraproducente. En este sentido, el otro día Valentina, de Crecer juntos con arte, proponía en Twitter darles una pulsera o algún otro objeto que les recuerde que regresaremos y la verdad es que en ese momento no se nos ocurrió, pero lo de la pulsera me parece una idea fantástica; igual lo ponemos en práctica este año.

Paralelamente a esto, como la media hora, apenas daba para nada (cuando se venía a tranquilizar ya nos lo llevábamos), decidimos probar a dejarlo una hora entera, también a llevarlo más próximo a la hora del recreo (a ver si así se relajaba y se integraba en el juego), incluso activamos el modo espía e intentábamos coincidir con algún niño de la guarde en el parque. Y aunque aún seguía llorando un poco, según nos contaban (yo hubiera pagado lo que fuera por poder mirar a través de una mirilla), no era de forma continua, sólo si veía llorar a otro niño; además su seño “flipaba” con él porque decía que se consolaba así mismo diciéndose “Pequico, no llores, no pasa nada” y que eso denotaba su madurez y que estaba segura de que en nada cesarían los llantos.

Podemos decir que la cosa se normalizó en un par de semanas, y aunque tampoco es que fuera loco de contento, empezó a dar muestras de que lo pasaba bien y llegaba contento, contando lo que habían hecho. Sin embargo, no todo estaba conseguido, pasamos nuestros altibajos (después de las vacaciones, la llegada del hermanito) y no fue hasta avanzado el segundo trimestre cuando puedo afirmar que realmente se sentía seguro y despreocupado en la guarde y sentíamos que disfrutaba de veras de ello. Pero cómo me está quedando un post un poco largo, si os parece, eso os lo cuento el próximo día y os hago un balance, a toro pasado, de este primer año de guardería.

Y a los que os encontráis ahora en esta situación daros muchos ánimos. Tened paciencia y mostradles toda vuestra comprensión y cariño, olvidaros de las comparaciones y de las experiencias de los demás – cada niño es único y lleva su propio proceso y su ritmo-. Intentad mirar desde su lado y comprender cómo se sienten, sin recriminarles ni juzgarlos, y sobre todo recordarles que los queréis tal y como son y que siempre estaréis ahí para ellos.

Mucha suerte y no olvidéis contármelo!!


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