Revista Solidaridad

Obscenidades

Por Pcelimendiz

Obscena. No se me ocurre mejor palabra para describir la política social que se está desarrollando en nuestro país, presidida por un paternalismo, beneficencia, asistencialismo y postureo que, mientras a algunos nos repugna, a muchos otros les tiene absolutamente satisfechos y encandilados.

ObscenidadesDe sobras sé que es una batalla perdida. Hace ya muchos años que descubrí que en la estructura social de nuestro país, cualquier forma de acción social diferente a la beneficencia (con sus diferentes eufemismos: caridad, altruismo, solidaridad social...) tiene graves dificultades para prosperar.

Unos días antes de Navidad, publiqué mi entrada "Sopa boba en el siglo XXI", donde criticaba la iniciativa de que en el Congreso de los Diputados se realizase una especie de reparto de alimentos a los pobres en la Nochebuena. 

Las fotos del acto perpetrado, personalmente, me causan verguenza ajena. Las podéís consultar aquí. Salvo por el detalle que la Presidenta no hizo caso de mis recomendaciones y no vestía de negro y peineta (hubiera quedado mucho más lucido el acto, donde va a parar), son imágenes que podrían haber quedado estupendas en el NO-DO, ese famoso documental cinematográfico de los años del franquismo.

La Iglesia y el Estado, de la mano (como Dios manda). La izquierda y la derecha, juntitas en el reparto de alimentos a los pobres (no se han puesto tan de acuerdo en ninguna otra cosa desde hace décadas). Es para reflexionar.

De un Congreso, iluso de mí, uno espera que legisle contra la pobreza, no que desarrolle rancias y casposas actividades, más propias de siglos pasados, que para lo único que sirven es para desarollar un modelo que, lejos de combatir las condiciones estructurales de la misma, las mantiene y legitima.

Dejaré clara mi postura. Somos un país rico, donde nadie, bajo ninguna circunstancia, debería tener comprometida ni su alojamiento ni su subsistencia. Si hay quien se encuentra en esas situaciones, no es por falta de recursos, sino a causa de un infame y desigual reparto de los mismos, consecuencia directa de unos gobernantes que legislan para los poderosos y no para los vulnerables.

En lugar por tanto de presumir de ese tipo de iniciativas, mejor harían nuestros dirigentes en virar sus políticas y generar las condiciones para que no tuvieran sentido.

Lo cual no es de esperar, claro. El modelo propuesto (y el reclamado) es el de no luchar contra las causas estructurales (dejarlas al arbitrio del libre mercado, que para el caso es lo mismo) y abordar de forma asistencial las consecuencias. En el fondo, se trata de un asunto epistemológico o conceptual en el que la gran mayoría de la población (políticos, técnicos y ciudadanía) ha encontrado un fuerte consenso.

Consenso que ha permitido que el Sistema de Servicios Sociales haya perdido todo el sentido con el que se construyó y se encuentre colonizado de prácticas asistenciales y burocráticas de absoluta ineficacia para resolver ninguna problemática social, ni de orden individual ni comunitaria pero a las cuales, de modo muy comprometido, se adhieren muchos profesionales y políticos.

No son tiempos fáciles para oponerse a estas prácticas. La pedagogía y los argumentos ha utilizar son mucho más complejos que los que sirven para defenderlas.

Pero Wang y yo (y seguro que muchos/as de los que estáis leyendo estas líneas) estamos comprometidos con un modelo alternativo para la política social, en un intento de resolver de otra manera los grandes problemas sociales que nos atraviesan como sociedad y que están causando tanto malestar a tanta gente.

Aunque nos canse. Aunque nos repitamos. Aunque sea una causa perdida. 


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