“El odio es una emoción muy subestimada.” Jim Morrison.
¡Qué se odien los locos!
Ya están los cuerdos para poner paz,
para amontonar circos.
En los círculos de fuego
nadie ha prohibido
llorar aún.
Nadie ha dicho
que tengamos que ser
cabezas de cartel.
Se juega al amor
se profetizan promesas.
¡Cómo se puede ser tan tibio!
Si no hay nada que odies,
tampoco habrá nada que ames.
En la vorágine de la imagen,
en la mentira vacía del marketing.
Que todo se vende.
Botines imprecisos, boyantes…
Y hambre
y abusos.
¡Pon la otra mejilla!
Eso decía el profeta,
ese del amor, del perdón…
retorica de culebrón.
No podemos definir nuestra humanidad
sin las bajas pasiones.
A veces se traga de más
por escupir de menos.
El odio también construye…
Sin el sentimiento maldito,
no seríamos hijos de Caín.
Y hablamos de rebeliones como algo bello,
¡Que revuelta no está basada en él!
No te levantas
contra lo que amas,
te levantas por el odio.
Maldices
por odio.
Las jaurías amamantadas
por la desidia y la paciencia,
no tienen alma, pero sí dientes.
No busques arengas en estos versos,
es sólo rabia mal contenida
y odio feroz
a la hipocresía
del mordisco batiente.
La sonrisa en el columpio de la cinta americana…
(En estos momentos, puedo odiar hasta lo que digo. Octubre se cebó en mi carne. Hay diecisiete espadas y hoy, chocan todas.)
El amor es una emoción muy sobrestimada. (Con permiso del poeta.)
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